Tracey Thorn, feminista, sobre Margaret Thatcher

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Los festejos populares que han seguido a la noticia de la muerte de Margaret Thatcher el pasado 8 de abril han brindado la ocasión perfecta para el recuerdo de la politización del pop británico en los años ochenta, como ha relatado recientemente Ivan Conte en Playground (y ya había contado hace unos años en Diagonal).

¿Pero qué lugar ocupa el feminismo en este análisis? Tracey Thorn, desde su larga trayectoria en el pop independiente británico (de sus inicios con Marine Girls, pasando por Everything but the Girl y hasta su actual carrera en solitario) y su activismo anti-Tory junto a Billy Bragg, Paul Weller o The Communards en el colectivo Red Wedge, da una perspectiva distinta sobre la vituperada Dama de Hierro: la de una cantautora pop, feminista y de izquierdas.

Traducimos el artículo que publicó Tracey Thorn en inglés en la web de ITV el 10 de abril de 2013. Sigue leyendo

Billy Bragg y el día de San Valentín

 

Empezamos una serie de posts sobre canciones feministas cantadas por hombres, por si alguien necesita fuentes de inspiración o algo.

A Billy Bragg se le conoce por ser capaz de moverse cómodamente entre el terreno de la movilización política y el de las relaciones personales: igual te habla de la revolución global que de la libertad sexual y las relaciones afectivas entre compañerxs de lucha. No sorprende, pues, que esa interiorización del lema feminista “lo personal es político” le haya llevado a tratar el terreno de la violencia machista en la pareja, el ámbito de confrontación más íntimo de todos los que perpetúan la desigualdades de género.

“Valentine’s Day is Over”, del álbum “Workers Playtime” (Go! Discs, 1988), habla en primera persona (como hacían Pissed Jeans) de la experiencia de una mujer maltratada por su pareja y, en concreto, del momento en que la mujer decide dejar al maltratador.

La canción no es un texto teórico feminista, pero sí alude al carácter estructural de la violencia machista (“la brutalidad y la economía están relacionadas: ahora lo entiendo”), a los mitos (mercantilizados) del amor romántico y a la necesidad de establecer relaciones  igualitarias.

Es un tema difícil: algunas canciones sobre violencia de género suenan a panfleto nada creíble. Por eso el equilibrio que consigue aquí Billy Bragg merece un viva feminista.

Se acabó el día de San Valentín

Algún día, chaval, vas a cosechar lo que has sembrado.
Te resfriarás y estarás solo,
y verás que lo que pasa conmigo
le pasa a todo el mundo,
pero tú quieres seguir con tus jueguecitos.

Poemas y flores, palabras bonitas y amenazas.
Te has ido otra vez a las carreras de perros y yo no me apuesto nada
a que vas a volver a casa ciego.
Si no me valoras, espérate encontrarte con…sorpresa, sorpresa:
Se acabó el día de San Valentín, se acabó.
Se acabó el día de San Valentín.

Si quieres hablar del tema ya sabes dónde está el teléfono.
No me vengas recordándome otra vez lo frágiles que son los huesos.
Dios no te hizo un ángel. El diablo te hizo un hombre.
La brutalidad y la economía están relacionadas: ahora lo entiendo.
¿Cuándo entenderás que no hay amor, ni arriba ni abajo?

Se acabó el día de San Valentín, se acabó.
Se acabó el día de San Valentín.

Para la chica del cuerpo de guitarra
el tiempo pasa muy rápido.
Solíamos querer las mismas cosas, pero ya no,
y últimamente parece que a medida que las cosas se vuelven difíciles
tu ideal de justicia se hace cada vez más duro.

Gracias por lo que me compraste, gracias por la tarjeta.
Gracias por lo que me enseñaste cuando me pegaste fuerte:
que el amor entre dos personas debe basarse en el entendimiento.
Hasta que esto sea así, ahí tienes tus cosas en el rellano.

Sorpresa, sorpresa.
Se acabó el día de San Valentín, se acabó.
Se acabó el día de San Valentín. Se acabó, se acabó.

Langosta macho: un recuerdo del Popfest 2012

Comentario llegado a nuestro buzón: “Os cuento lo del Madrid Popfest 2012. Estaba con un par de amigas  y les comenté que me sorprendía que hubiera tan pocas chicas entre el público. El ambiente me parecía muy poco macho. Me dijeron que era proporción normal de chicas y chicos en Madrid. La que había estado el año anterior me dijo que sí, que el ambiente también fue poco macho. Vimos a Golden Grrrls, Los Ginkas y Phil Wilson. Comenzaron a tocar Close Lobsters y el cantante se puso a hacer poses de machito asquerosas. También poses de rock de estadio, como si tuviera a miles de personas delante. Sigue leyendo

Bibliografía sobre masculinidades indies: no por más culto menos machista

Matthew Bannister, cantante y guitarrista del grupo de indie pop neozelandés de los años ochenta Sneaky Feelings, publicó hace unos años White Boys, White Noise: Masculinities and 1980s Indie Guitar Rock (Ashgate, 2006). El libro analiza las masculinidades blancas de diversas escenas indies (rock, pop, hardcore) en el Reino Unido, EEUU y Nueva Zelanda en los años ochenta, a partir de la experiencia personal de Bannister en la escena neozelandesa y su posterior trayectoria académica en el ámbito de los estudios culturales y el feminismo.

Sólo he leído fragmentos de este libro (la introducción, reseñas diversas…); no caeré en apelaciones al crowdfunding, pero ya nos entendemos. En todo caso, por lo que entendido el planteamiento de Bannister viene de perlas para rebatir el presupuesto de que cierto nivel cultural está de algún modo asociado a un menor machismo.

Así presenta el texto la editorial:

¿En qué medida desafían las masculinidades indies la construcción histórica patriarcal de la música rock? Ésta es la cuestión fundamental que se plantea Matthew Bannister, con un análisis en profundidad del rock independiente de los años ochenta en tanto que  producción cultural e histórica específica de los hombres blancos.

[…] Bannister sostiene que anteriores teorizaciones de las masculinidades (en el rock) se han centrado normalmente en la clase trabajadora y la desviación asociada al machismo “físico” […], simplificando las masculinidades al identificarlas con los “malotes”. Estos enfoques desatienden las formas en que el poder masculino se articula en la cultura no sólo a través de la representación, sino también del discurso intelectual y teórico.

Al volver a situar el indie en el contexto histórico/cultural del art rock, el libro muestra cómo el poder masculino se puede rearticular mediante la alta cultura, la cultura de vanguardia, la cultura bohemia y la teoría estética, con el establecimiento de un canon, la negación (Adorno), la pasividad, el voyeurismo y el camp (Andy Warhol y la Velvet Underground), y el primitivismo y el infantilismo (Lester Bangs, Simon Reynolds).

[…] Basándose en su propia experiencia como músico indie, Bannister repasa diversos artistas independientes, como The Smiths, The Jesus and Mary Chain, My Bloody Valentine y The Go-Betweens. De EE.UU., analiza a REM, The Replacements, Dinosaur Jr, Hüsker Dü, Nirvana y el hardcore, y de Nueva Zelanda, grupos de Flying Nun, como The Chills, The Clean, The Verlaines, Chris Knox, Bailter Space y The Bats.

Su análisis demuestra que entre estas escenas aparentemente dispares existen amplias continuidades en términos de género, teoría estética y enfoques de la historia de la música popular. El resultado es un libro que reflexiona sobre algunas cuestiones importantes: cómo se analiza el  género en la cultura popular y hasta qué punto las culturas alternativas son capaces de criticar las representaciones de género dominantes.

Básicamente, el argumento de Bannister es que el machismo clásico del rock (o del hip hop) no es la única forma de reafirmar la superioridad masculina, sino que existen otras, y una de ellas es la que se utiliza en el indie y en otras culturas musicales intelectualizadas (o la propia crítica musical).

Para Bannister, el sonido del indie es “el sonido de hombres tranquilos haciendo mucho ruido“, la forma con la que los hombres “sin poder” se reafirman en su reparto del pastel frente a otras masculinidades hegemónicas, a la vez que perpetúan la exclusión de las mujeres. Esto supone desarrollar un intelectualismo y una estética masculina diferenciada, en oposición a las ideologías tradicionales del rock como expresión creativa física y espontánea.

La estrategia del intelectualismo se basa en el hecho de que los miembros de las escenas indies, principalmente hombres, acumulan capital cultural creando un canon estético de influencias musicales oscuras sólo accesibles para “enterados” y este conocimiento los distingue y hace superiores a quienes tienen gustos estéticos más generalizados. Para Bannister, los indies aspiran a ser intelectuales de clase media, a regular los criterios del gusto. La acumulación de conocimientos y de propiedades (esas colecciones de discos…) es el procedimiento para adquirir estatus en la subcultura y proyectarlo sobre la cultura en general.

Incómodos ante las identidades de género convencionales de la música mainstream, parecería que los indies se abren a la expresión de los afectos. Sin embargo, según Bannister, cuando se analiza más detenidamente la aparente subversión de ese nuevo (anti)canon de “lo que mola” se entiende que sólo se cuestionan las formas y no el fondo, que sigue reproduciendo privilegios de género, clase y etnia. Para ello, se despliegan nuevas estrategias que poco contribuyen a las relaciones igualitarias, como el infantilismo, el amateurismo, la glorificación de la melancolía y el refuerzo de la desafección cool asociada a la masculinidad de clase media.

En conclusión, no es cierto que una mayor cultura equivalga a un menor machismo. Que leer mucho no te hace más justo es una conclusión a la que se podría llegar, por ejemplo, diciendo simplemente: “Fernando Sánchez Dragó”. Pero, centrándonos en el indie, Bannister demuestra que la intelectualización en las subculturas genera otras formas de machismo, “menos vulgares” a los ojos del gusto elitista, quizá menos visibles y más sutiles, pero probablemente por ello más perniciosas.

Otras reflexiones a partir del texto:

  • Leer el índice alfabético es hacerse la boca agua. Quiero saber qué dice de Lou Barlow,  Talking Heads, Orange Juice, Kevin Shields, Ian MacKaye, The Wedding Present y “los anoraks como style statement“.
  • Parece que a partir de la experiencia con Sneaky Fingers, Bannister plantea que el indie pop es un género subalterno al indie-rock y con mayor tendencia a masculinidades alternativas.
  • Se propone también la melancolía como un eje de las masculinidades indies, en un capítulo con el sugerente título “¿Qué puedo hacer si muere? Música, tristeza y masculinidades“ (aludiendo a “Pink Frost” de The Chills) y aún más sugerentes subcapítulos sobre “el artista sufriente”, la nostalgia, el intelectual sádico y el narcisismo de Morrissey y Warhol.
  • Gran concepto el de “amateurismo irónico“. ¿La ironía del amateurismo sólo se reconoce cuando lo practican los hombres?
  • ¿Cómo afectan estas masculinidades a diferentes escenas intelectualizadas en los márgenes: del indie rock más o menos sensible al straight edge?
  • ¿Qué papeles tienen las mujeres en las bandas indies?
  • Bannister concede que en las escenas independientes hay espacio para estrategias, negociaciones y diversidad en las masculinidades y cita a The Go Betweens o Husker Dü, por ejemplo. Menos mal, ¿pero cómo funcionan?

Pues nada, que eso, ¿alguien tiene por ahí el libro?

Respuesta al artículo de Santi Carrillo “¿Machismo en el indie?” (Rockdelux, marzo 2013)

Publicado simultáneamente en la web de Diagonal.

A algunas firmantes del artículo Machismo gafapasta (Diagonal, enero 2013) nos alegra que Rockdelux haya dedicado espacio en su revista a un debate hasta ahora ausente y que consideramos fundamental. En especial, destaca el mérito de entrevistar a casi todas las personas y organizaciones aludidas en el artículo, cuyas declaraciones se ofrecen íntegras en su web. Sobre el contenido del reportaje, en cambio, tenemos importantes objeciones.

Rockdelux distorsiona el contenido del artículo de Diagonal en varias ocasiones. Se habla de una supuesta censura, cuando el texto de Diagonal no planteaba esa posibilidad; tan solo cuestionaba los discursos existentes y abogaba por la autocrítica, la reflexión y el diálogo, como muestra la Guía básica de empatía con las mujeres o la playlist Canciones con mujeres empoderadas que lo acompañaba. Que una revista cultural relacione la interpretación crítica de una obra con querer prohibirla es sencillamente ridículo.

De igual modo, Santi Carrillo (director de Rockdelux y firmante del artículo) dedica especial empeño a demostrar que el machismo también existe en otros estilos musicales, cosa que el artículo de Diagonal asumía ya desde su entradilla: “Se cuestiona con frecuencia y motivos evidentes el machismo en géneros como el blues, el hip hop y el reguetón”. O leyó nuestro artículo sin la mínima atención o intenta falsificar nuestra postura.

La pretensión de objetividad de Rockdelux resulta igualmente discutible cuando se han omitido todas las informaciones y ejemplos que no favorecían la tesis de Carrillo. Más que un análisis sobre cultura y cuestiones de género, parece un alegato a la defensiva cuya única meta fuera demostrar que Rockdelux no es machista. Cualquier medio profesional hubiera encargado esta tarea a una redactora o redactor neutral. Que el director de Rockdelux se ocupe personalmente es otra prueba de que su texto no es una cuestión profesional. El artículo de Carrillo que se publica en la edición impresa son tres páginas de opinión salpicadas por comentarios de internautas y conversaciones telefónicas sin acreditar. No es ningún ejemplo de madurez periodística, más bien suena a arrebato por el orgullo herido.

El discurso expuesto por Diagonal parte de enfoques ampliamente conocidos en el ámbito de los estudios culturales o el análisis feminista. Carrillo habla de “suposiciones no científicas” y escribe como si no existiera el trabajo de John Berger, bell hooks, Stuart Hall, Raewyn Connell o Nancy Fraser. Estamos ante el equivalente a un texto sobre la escena alternativa escrito por alguien que se niega a escuchar a The Velvet Underground, Sex Pistols, Patti Smith, Joy Division, Sonic Youth o My Bloody Valentine.

Por otra parte, la alusión a la “defensa enconada del hembrismo” nos sume en un mar de dudas: ni entendemos a qué se refiere ni sabemos exactamente qué es el hembrismo, por lo que invitamos a Santi Carrillo a que lo aclare.

Por encima de todo esto, resulta totalmente inaceptable que se realice un ataque personal a una de las autoras, a quien se responsabiliza exclusivamente del artículo. La premisa es falsa: en la edición final intervinieron varias de las personas firmantes, que se responsabilizan totalmente de su contenido, mientras que el resto acordaron suscribir el texto en los términos en que se publicó (“Este reportaje es el resultado de un extenso diálogo entre…”). Así fue comunicado a Santi Carrillo en repetidas ocasiones, pero parece que ha preferido utilizar el ataque personal para desautorizar un discurso, lo que es una grave falta de profesionalidad. El artículo de Rockdelux aboga por un buen periodismo a la vez que practica un mal periodismo.

Estas son solo algunas de las objeciones y matizaciones que queremos plantear, pero hay otras (por ejemplo, respecto al mito de la meritocracia, la reflexión acrítica sobre lo políticamente correcto o la arbitraria relación entre machismo y nivel sociocultural). Habrá tiempo de argumentar y discutir estas cuestiones en el blog Señoras que hablan de música o en otros foros.

Seguimos.

María Bilbao, Andrea Díaz, Marta G. Franco, Irene García Rubio, Roberto Herreros, Víctor Lenore, Leire López Ziluaga y Laura Sales Gutiérrez

My Bloody Valentine, las mamás indies y Twitter

En pleno debate sobre si las reuniones de grupos nos idiotizan o nos rejuvenecen (o a quién queremos engañar con el intento), Joan Vich nos enviaba hace un par de días este artículo que plantea cosas interesantes sobre lo que supone ser una viejuna indie.

Algunos fragmentos del artículo:

“Un conocido retuiteó a un amigo común. No puedo citar sus palabras exactas, porque me ha bloqueado, pero era algo como:  ‘En todo el país, ahora mismo, los papás indies (indiedads) les están contando a sus hijos que no, que siempre fue así, que entonces las voces tampoco se oían’.

(…) Mentiría si dijera que no me lo pensé dos veces antes de contestar ese tweet, porque siempre hay un momento en el que parpadeas. Es muy mal negocio. ¿Se lo van a tomar como lo que es, una leve protesta y una corrección, o provocará una discusión? Pensé: no, no pasará nada. (…) Conozco bastante bien al que puso el tweet original, he estado con él en el pub, conozco a su esposa indie, he ido a conciertos indies con uno y otra.

Y respondí: ‘Papás indies (indiedads). Porque no había mujeres que escucharan a MBV. Y eso que en realidad hay 2 mujeres en el grupo’. Ligero, informal e irónico. Una referencia al hecho de que hubo un tiempo en que Bilinda era conocida en Londres por ser la típica Mamá Indie y en sus primeros conciertos llegó a tocar con su propio bebé indie colgándole de la pierna.

El tweet de respuesta que esperaba: algo como ‘Jaja, tienes razón, me encontré a la esposaindie en un concierto de los Pastels y piensa que el nuevo disco es (BUENÍSIMO / horrible / un regreso formal / no suficientemente C86 / lo que sea)’.La respuesta que tuve: ‘Es sólo mi experiencia personal, vuélvete a la cueva, te bloqueo’.

Dios, es la opción B, ya se me ha estropeado la tarde.

(…) ¿Y esto qué más dá? Pues sí que da porque, en primer lugar, en vez de escuchar el mayor acontecimiento del indie pop en 22 años, ahora estoy llorando delante de la pantalla, dándole vueltas a una reacción personal superhostil para la que no estaba preparada. Y porque, obviamente, la cosa no es que un tío indie haya sido desagradable conmigo en Internet. Son años y años de encontrarse con insultos, con intimidación, con que me digan que estoy ‘loca’ o soy inoportuna o desagradable o simplemente estoy como una cabra por decir una y otra vez: ‘El mundo no es como tú lo representas. También hay mujeres’.

(…) ‘Los papás indies (indiedads) de todo el país están…’ es una generalización que extrae conclusiones de género sobre quién escucha música, sobre cómo se transmite el  conocimiento musical a tus hijos e hijas, etc. ‘Qué va, no es verdad, sólo describe una situación’, diréis. Pero lo que se omite en la descripción es tan importante como lo que se deja ver. A lo mejor no te das cuenta hasta que eres tú la que constantemente y cotidianamente quedas excluida de esa descripción. Que tú, como hombre (o como persona blanca, o heterosexual, o lo que sea) llegues a una conclusión a partir de tu situación personal y la generalices a todo el mundo, sin darte cuenta ni siquiera de a quién has dejado fuera, es un problema.

(…) Hay otra pieza fundamental en este rompecabezas. Uno de los efectos más graves de asignarle un género a las cosas es que la gente –por lo general las mujeres– queda expulsada de ese espacio. (…) Se me ocurre comprar una entrada para un concierto de Nu-Gaze ​​con toda la descendencia musical de My Bloody Valentine, y noto que no va a tocar ni una sola mujer. Y no compro la entrada, y el público del concierto se vuelve todavía más masculino, reforzando la idea de que el Nu-Gaze ​​es ahora algo de código masculino. Ésta es la mayor diferencia entre el indierock en 1991 y indierock en 2013, no comprar el nuevo disco de My Bloody Valentine  sin salir de la cama. Es que en 1991 la mayor banda de indierock estaba compuesta por un 50% de mujeres. La mitad del público eran mujeres. Y a nadie le parecía raro.

(…) Yo misma me he dado cuenta de que en conciertos de grupos con un público de más edad hay muchos hombres que mujeres y las mujeres parece que se vayan quedando fuera. ‘En 1997 mi mujer iba a todos los conciertos indies conmigo’, me han dicho lamentándose amigos varones. ‘¡A las mujeres ya no les interesa la música!’. Vaya, ¿tu mujer ya no puede estar al día con un hobby caro y que requiere mucho tiempo? ¿En serio? A lo mejor tendrías que reconsiderar tus decisiones respecto al cuidado de tus hijos/as y la división familiar del trabajo, en lugar de reconsiderar lo que les gusta y no les gusta a las mujeres. Pero esa conversación es mucho más incómoda, ¿no? Mucho más fácil acusarme de ser la que salió de una cueva.

De esta forma las mujeres desaparecen de la conversación, no sólo una vez, sino dos veces. La primera vez, cuando la música de la gente mayor (sic) se convierte en terreno exclusivo de los ‘padres’ (dads) y llegan todos esos conciertos 100% masculinos, y listas de final del año 100% masculinas y la tienda de discos de la que misteriosamente han desaparecido todas las mujeres. Ésa es una eliminación por omisión.

Y después, una segunda vez, y ésta es más difícil de abordar. Ese momento en el que yo, como mujer, tengo que elegir entre ‘trágatelo o estropéate la tarde’. Ese momento en que le dices a una mujer que está loca y la expulsas de la conversación en lugar de responderle, como si fuera un ser humano de verdad con un argumento válido que puede estar tan basado en su propia experiencia como tu propio comentario. Ésa es una eliminación intencionada y para mí es peor.”

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Gracias a Karen por dejarnos traducir fragmentos de su texto. Aquí está todo el artículo en inglés.

¿Qué pensáis las viejunas y los viejunos del lugar?