Chicas sucias

Dirty Girls es un mini documental dirigido por Michael Lucid sobre un grupo de riot grrrls de instituto norteamericano que forman una banda y escriben fanzines en 1996. El docu muestra cómo son sistemáticamente atacadas por sus compañeras/os y acusadas de mala higiene, de raras, etc. Si es difícil mantener una feminidad outsider, imaginaos lo que es siendo adolescente.

Vía Mabel Damunt

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La trastienda de los grupos de chicas

Haim-Dont-Save-Me-by-Austin-Peters

Ha llegado al buzón de las Señoras (srasquehablandemusica[a]gmail.com) la experiencia de una música en un grupo de chicas pop.

Lo que nos cuenta nos dice mucho de cómo se sigue construyendo la imagen de los grupos de chicas y las implicaciones que tiene para las mujeres que quieren dedicarse profesionalmente a la música.

Me he sentido muy identificada con los artículos, y os escribo para compartir algunas experiencias que he tenido como música: con mi grupo de rock-metal-progresivo nunca he tenido ningún problema por ser chica, al contrario, pero recientemente, me enrolé en un proyecto de “grupo de chicas pop” tras el que había un productor, y en el que me soltaron perlitas como las que siguen:

– “Suerte que eres joven y no tienes más de 25 porque sino ya queréis tener hijos y todo eso” (se ve que a partir de los 25 nos volvemos indefectiblemente, máquinas de parir, y ya no podemos hacer música).

– “Idea principal para el videoclip: short y enseñar piernas” (la carne ante todo).

– “A ver cuándo te dejas el máster ese que estás estudiando y te dedicas a esto por completo”. (Debo aclarar que el máster que estoy estudiando sólo me ocupa 4 tardes a la semana, y que la dedicación al grupo era a cambio de nada. Dudo mucho que a un hombre en la misma situación le pidan eso…).

Por supuesto, el objetivo de la banda es primar la imagen por encima de la música y perpetuar el estereotipo de chicas tontas que enseñan más que tocan. Una pena.

Comparto mi experiencia porque estas actitudes son muy comunes en el mundo de la música, y algunas mujeres lo aceptan y les acaba pareciendo algo normal, e incluso lógico. Como podréis imaginar, me echaron del grupo por no callarme ni tragar con todo.

A los grupos de chicas “prefabricados” se les presupone este tipo de artimañas. Lo que no se suele poner sobre la mesa es que trabajar como música profesional en un grupo supone asumir ese papel estereotipado (de género) y renunciar al reconocimiento profesional.

Por supuesto, la imagen construida se proyecta y reproduce como modelo de “música” ante todas las mujeres que se quieren dedicar a la música.

Sería interesante también plantearse si estas exigencias se dan en mayor o menor medida, o en modalidades diferentes, en diferentes estilos musicales.

Tampoco nos queda claro en la experiencia de esta música si el grupo en el que participó escribía sus canciones. En todo caso, es un buen aviso para mantener una actitud crítica y no olvidar plantearse siempre hasta qué punto tienen los grupos de mujeres autonomía y control sobre la imagen que proyectan. Si habéis tocado en un grupo de chicas, ¿cuál ha sido vuestra experiencia en la industria?

Las chicas del (Nu) Noise

Vídeo

“Esto es ser una chica del noise”: moratones, disfraces, aparatejos electricos, escenificaciones, diversión.
Joaquin nos manda el docu “Gutter: girls of noise” de Lauren Boyle sobre mujeres en el nuevo free noise para que lo publiquemos por aquí. En el docu podéis ver a: Social Junk, Laundry room, Hard On y otras mas. Que lo disfrutéis.

Zuloak: Las mujeres son visibles, pero… ¿las músicas?


Publicamos la traducción del euskara de un texto de Iratxe Retolaza aparecido originalmente en Gipuzkoako Hitza.

El texto plantea un interesante debate sobre la película Zuloak, dirigida por Fermin Muguruza, en el que se plantean cuestiones como qué significa visibilizar o invisibilizar a las músicas, qué acciones promueven la inclusión y cuáles la exclusión. Vale la pena hablar más de estas cuestiones, porque hasta ahora el debate sobre la película se ha desarrollado sobre todo en el ámbito privado.

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Las mujeres son visibles, pero… ¿las músicas?

Iratxe Retolaza
16 de noviembre de 2012
Gipuzkoako Hitza

 

En aquel cuarto oscuro resonaron las palabras de Fermin Muguruza, altas y enérgicas: “Chicas, ved el documental, ¡y a ver si os entran ganas de subiros al escenario!” O algún grito parecido. Firme, y sincero, así me pareció. Según avanzaba la película Zuloak, fue bajando el eco de ese penetrante grito, y creciendo la inquietud, y también el enfado. Tenía a mi hermana al lado, que es música, y lleva en el rock vasco los últimos quince años. Le miré de reojo, para comprobar si mi sensación era personal, y aquella mirada helada me lo transmitió de un modo claro, estaba tan asombrada como yo. Esta reflexión es un ejercicio para entender aquella inquietud.

La película Zuloak se ha dispuesto a intentar hacer visible la aportación de las músicas vascas, a semejanza del proyecto Emarock; y ese trabajo realizado a favor de la visibilidad es elogiable. Pero, por otro lado, la película Zuloak ha armado una narración (al menos en el plano de la ficción), y a través de esa narración ha creado un discurso o imagen en torno a las músicas. Y, precisamente, esa narración es la que me inquietó. Esa narración de ficción me hizo recordar una frase de Monique Wittig: “Las mujeres son demasiado visibles como seres sexuales, e invisibles como seres sociales”. Y, en este caso, invisibles como músicas. En las conversaciones de las componentes de Zuloak o en los discursos del público de “ficción” apenas hay reflexiones en torno a la música (no se preocupan por el estilo musical, no hay discursos sobre los modos de vivir la música…). Y en uno de los únicos momentos en que tienen oportunidad de hablar de su afición por la música, en una entrevista de ficción de la televisión pública vasca, una de ellas dice que hace música para follar. Lo dicho, demasiado visibles como seres sexuales, y demasiado ocultas las inquietudes y las pasiones de la música. Demasiado oculto ese zulo propio reivindicado por Itziar Ziga. Y demasiado repetidos los discursos sobre la estética, sobre la sexualidad, o sobre la reproducción. Demasiado repetidos, para ser un documental sobre música.

Los comentarios sobre la sexualidad me han hecho recordar Sexual Herria de Itziar Ziga, porque muchas veces los discursos políticos aparecen recreados en discursos del deseo (la referencia a la autodeterminación del cuerpo, por ejemplo). Pero eso me irritó más, porque esos discursos parecían deformados y descontextualizados. Ziga dice claramente que quiere hacer visibles las sexualidades y los deseos, pero no se puede olvidar que el libro se centra en ese tema (y no en la música) y que, además, parte de esta posición: hacer visibles las sexualidades y los deseos que ha reprimido y marginado el heteropatriarcado.

¿No podemos hablar de la aportación de las músicas vascas sin criterios sexuales o estéticos? ¿Es ese el criterio principal a la hora de hablar de cualquier músico? No, no suele ser así.

Es más, ¿no parece una contradicción que un proyecto que quiere hacer visibles a las músicas haga invisible a la misma música o compositora ? ¿Quién será esa compositora que quiere mantenerse en secreto? Es elogiable que un músico con una posición simbólica importante en el mundo de la música —en este caso Fermin Muguruza— haga el esfuerzo de hacer visible la aportación de las músicas; pero, para que ese esfuerzo sea eficaz, ¿la persona que está en esa posición no debería de dar un paso atrás para dar voz y espacio a esas músicas? En la película Zuloak las componentes del grupo hacen suyo el lema “muerte a la madre”. ¿Pero tiene sentido matar a la madre, si todavía no hemos conseguido matar al padre, y si todavía en el campo de la música vasca está por escribir una genealogía femenina, y están por construir las madres simbólicas?

—————————————————————————————————————– ¿Habéis visto la película?

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