Zuloak: Las mujeres son visibles, pero… ¿las músicas?


Publicamos la traducción del euskara de un texto de Iratxe Retolaza aparecido originalmente en Gipuzkoako Hitza.

El texto plantea un interesante debate sobre la película Zuloak, dirigida por Fermin Muguruza, en el que se plantean cuestiones como qué significa visibilizar o invisibilizar a las músicas, qué acciones promueven la inclusión y cuáles la exclusión. Vale la pena hablar más de estas cuestiones, porque hasta ahora el debate sobre la película se ha desarrollado sobre todo en el ámbito privado.

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Las mujeres son visibles, pero… ¿las músicas?

Iratxe Retolaza
16 de noviembre de 2012
Gipuzkoako Hitza

 

En aquel cuarto oscuro resonaron las palabras de Fermin Muguruza, altas y enérgicas: “Chicas, ved el documental, ¡y a ver si os entran ganas de subiros al escenario!” O algún grito parecido. Firme, y sincero, así me pareció. Según avanzaba la película Zuloak, fue bajando el eco de ese penetrante grito, y creciendo la inquietud, y también el enfado. Tenía a mi hermana al lado, que es música, y lleva en el rock vasco los últimos quince años. Le miré de reojo, para comprobar si mi sensación era personal, y aquella mirada helada me lo transmitió de un modo claro, estaba tan asombrada como yo. Esta reflexión es un ejercicio para entender aquella inquietud.

La película Zuloak se ha dispuesto a intentar hacer visible la aportación de las músicas vascas, a semejanza del proyecto Emarock; y ese trabajo realizado a favor de la visibilidad es elogiable. Pero, por otro lado, la película Zuloak ha armado una narración (al menos en el plano de la ficción), y a través de esa narración ha creado un discurso o imagen en torno a las músicas. Y, precisamente, esa narración es la que me inquietó. Esa narración de ficción me hizo recordar una frase de Monique Wittig: “Las mujeres son demasiado visibles como seres sexuales, e invisibles como seres sociales”. Y, en este caso, invisibles como músicas. En las conversaciones de las componentes de Zuloak o en los discursos del público de “ficción” apenas hay reflexiones en torno a la música (no se preocupan por el estilo musical, no hay discursos sobre los modos de vivir la música…). Y en uno de los únicos momentos en que tienen oportunidad de hablar de su afición por la música, en una entrevista de ficción de la televisión pública vasca, una de ellas dice que hace música para follar. Lo dicho, demasiado visibles como seres sexuales, y demasiado ocultas las inquietudes y las pasiones de la música. Demasiado oculto ese zulo propio reivindicado por Itziar Ziga. Y demasiado repetidos los discursos sobre la estética, sobre la sexualidad, o sobre la reproducción. Demasiado repetidos, para ser un documental sobre música.

Los comentarios sobre la sexualidad me han hecho recordar Sexual Herria de Itziar Ziga, porque muchas veces los discursos políticos aparecen recreados en discursos del deseo (la referencia a la autodeterminación del cuerpo, por ejemplo). Pero eso me irritó más, porque esos discursos parecían deformados y descontextualizados. Ziga dice claramente que quiere hacer visibles las sexualidades y los deseos, pero no se puede olvidar que el libro se centra en ese tema (y no en la música) y que, además, parte de esta posición: hacer visibles las sexualidades y los deseos que ha reprimido y marginado el heteropatriarcado.

¿No podemos hablar de la aportación de las músicas vascas sin criterios sexuales o estéticos? ¿Es ese el criterio principal a la hora de hablar de cualquier músico? No, no suele ser así.

Es más, ¿no parece una contradicción que un proyecto que quiere hacer visibles a las músicas haga invisible a la misma música o compositora ? ¿Quién será esa compositora que quiere mantenerse en secreto? Es elogiable que un músico con una posición simbólica importante en el mundo de la música —en este caso Fermin Muguruza— haga el esfuerzo de hacer visible la aportación de las músicas; pero, para que ese esfuerzo sea eficaz, ¿la persona que está en esa posición no debería de dar un paso atrás para dar voz y espacio a esas músicas? En la película Zuloak las componentes del grupo hacen suyo el lema “muerte a la madre”. ¿Pero tiene sentido matar a la madre, si todavía no hemos conseguido matar al padre, y si todavía en el campo de la música vasca está por escribir una genealogía femenina, y están por construir las madres simbólicas?

—————————————————————————————————————– ¿Habéis visto la película?

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