Miley Cyrus en la punta del iceberg

rs_600x600-130826140920-600.god-mileycyrus-meme.cm_.82613.jpgA juzgar por los miles de tuits y las veces que se ha dicho twerk en la televisión estadounidense, lo que hizo Miley Cyrus en la pasada entrega de premios de la MTV, junto a una panda de osas fiesteras, sacudió los cimientos de la civilización occidental.

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Cooly G: bass, fútbol y monomarentalidad

cooly g

A través del clubber asturiano-barcelonés Rudiguito nos ha llegado una entrevista en video a la artista británica Cooly G que vale mucho la pena.

No nos gusta que sea un video producido por Adidas y la revista Vice (disculpas). Nos encanta que visibilice aspectos muy diversos de la vida cotidiana de las mujeres que pocas veces quedan reflejados en los medios con tanta claridad y naturalidad. Cooly G es una mujer de Brixton (Londres), madre “soltera” de un niño y una niña, que se dedica profesionalmente a la música electrónica y (parece que) semiprofesionalmente al fútbol.

Algunas frases de Cooly G en el video:

La verdad es que trabajé mucho durante [la producción del disco], siendo madre y todo eso, ya sabes. Pero también pensaba que lo podía hacer mejor.

Cuando decidí que realmente quería dedicarme a la música y no a otra cosa me encontré con gente negativa a mi alrededor que me menospreciaba e intentaba hacerme sentir que yo no era suficientemente buena. Pero, ahora, por otro lado, me he hecho más fuerte. Voy simplemente a lo mío y no dejo que nadie me diga nada.

Cuando tuve a Nas pensé: ¿qué voy a hacer con mi vida? Y me fui a un club y le pedí al DJ que pusiera un tema. Sólo quería ver la reacción y saber si iba a hacer esto o cogerme un trabajo de 9 a 5. Y la gente se volvió loca. Y me dije: voy a hacer siempre música. Voy a hacerlo.

En el video aparece también, en boca de un crítico y promotor musical, el tópico del “toque femenino” en la música. Es fantástico ver dentro del propio video el contraste entre esta supuesta sensualidad femenina con la alegría con que la propia Cooly G describe subidones tradicionalmente masculinizados como los asociados a un golpe de bajo o un gol.

En un artículo publicado en Bitch Magazine hace un par de años Cooly G decía: “Sobre el tema de chica/chico… ni siquiera intento pensar en ello”. Pero, como añadía la autora del artículo: “Cuando empezamos a hablar, mucho de lo que tenía que contar sobre la maternidad, la supervivencia, los celos de sus compañeros y la creación está profundamente imbricado con las formas en que las mujeres habitamos en el mundo. Decía algunas cosas que quedaban bastante lejos de la ortodoxia feminista, pero es difícil imaginar a una mujer más práctica y con los pies más en la tierra que Cooly G”.

Tracey Thorn, feminista, sobre Margaret Thatcher

tracey thorn

Los festejos populares que han seguido a la noticia de la muerte de Margaret Thatcher el pasado 8 de abril han brindado la ocasión perfecta para el recuerdo de la politización del pop británico en los años ochenta, como ha relatado recientemente Ivan Conte en Playground (y ya había contado hace unos años en Diagonal).

¿Pero qué lugar ocupa el feminismo en este análisis? Tracey Thorn, desde su larga trayectoria en el pop independiente británico (de sus inicios con Marine Girls, pasando por Everything but the Girl y hasta su actual carrera en solitario) y su activismo anti-Tory junto a Billy Bragg, Paul Weller o The Communards en el colectivo Red Wedge, da una perspectiva distinta sobre la vituperada Dama de Hierro: la de una cantautora pop, feminista y de izquierdas.

Traducimos el artículo que publicó Tracey Thorn en inglés en la web de ITV el 10 de abril de 2013. Sigue leyendo

“Escritoras a secas”: el machismo en la crítica literaria

Vídeo

En este vídeo, la escritora Laura Freixas analiza el machismo de una crítica literaria publicada en El País. Atención, porque al final del vídeo se desvela el nombre del escritor firmante de la crítica.

Los criterios de valor que se aplican en este caso no son exclusivos de la crítica literaria. Podrían encontrarse en apreciaciones críticas de otras obras artísticas, cinematográficas o musicales. ¿Qué quiere decir realmente la crítica cuando valora a una artista porque “trasciende el género” o “habla de temas universales”? ¿A qué universalidad se refiere?

Laura Freixas forma parte de la asociación Clásicas y modernas, que aboga por la igualdad de género en la cultura. Aquí podéis firmar su manifiesto.

Billy Bragg y el día de San Valentín

 

Empezamos una serie de posts sobre canciones feministas cantadas por hombres, por si alguien necesita fuentes de inspiración o algo.

A Billy Bragg se le conoce por ser capaz de moverse cómodamente entre el terreno de la movilización política y el de las relaciones personales: igual te habla de la revolución global que de la libertad sexual y las relaciones afectivas entre compañerxs de lucha. No sorprende, pues, que esa interiorización del lema feminista “lo personal es político” le haya llevado a tratar el terreno de la violencia machista en la pareja, el ámbito de confrontación más íntimo de todos los que perpetúan la desigualdades de género.

“Valentine’s Day is Over”, del álbum “Workers Playtime” (Go! Discs, 1988), habla en primera persona (como hacían Pissed Jeans) de la experiencia de una mujer maltratada por su pareja y, en concreto, del momento en que la mujer decide dejar al maltratador.

La canción no es un texto teórico feminista, pero sí alude al carácter estructural de la violencia machista (“la brutalidad y la economía están relacionadas: ahora lo entiendo”), a los mitos (mercantilizados) del amor romántico y a la necesidad de establecer relaciones  igualitarias.

Es un tema difícil: algunas canciones sobre violencia de género suenan a panfleto nada creíble. Por eso el equilibrio que consigue aquí Billy Bragg merece un viva feminista.

Se acabó el día de San Valentín

Algún día, chaval, vas a cosechar lo que has sembrado.
Te resfriarás y estarás solo,
y verás que lo que pasa conmigo
le pasa a todo el mundo,
pero tú quieres seguir con tus jueguecitos.

Poemas y flores, palabras bonitas y amenazas.
Te has ido otra vez a las carreras de perros y yo no me apuesto nada
a que vas a volver a casa ciego.
Si no me valoras, espérate encontrarte con…sorpresa, sorpresa:
Se acabó el día de San Valentín, se acabó.
Se acabó el día de San Valentín.

Si quieres hablar del tema ya sabes dónde está el teléfono.
No me vengas recordándome otra vez lo frágiles que son los huesos.
Dios no te hizo un ángel. El diablo te hizo un hombre.
La brutalidad y la economía están relacionadas: ahora lo entiendo.
¿Cuándo entenderás que no hay amor, ni arriba ni abajo?

Se acabó el día de San Valentín, se acabó.
Se acabó el día de San Valentín.

Para la chica del cuerpo de guitarra
el tiempo pasa muy rápido.
Solíamos querer las mismas cosas, pero ya no,
y últimamente parece que a medida que las cosas se vuelven difíciles
tu ideal de justicia se hace cada vez más duro.

Gracias por lo que me compraste, gracias por la tarjeta.
Gracias por lo que me enseñaste cuando me pegaste fuerte:
que el amor entre dos personas debe basarse en el entendimiento.
Hasta que esto sea así, ahí tienes tus cosas en el rellano.

Sorpresa, sorpresa.
Se acabó el día de San Valentín, se acabó.
Se acabó el día de San Valentín. Se acabó, se acabó.

Bibliografía sobre masculinidades indies: no por más culto menos machista

Matthew Bannister, cantante y guitarrista del grupo de indie pop neozelandés de los años ochenta Sneaky Feelings, publicó hace unos años White Boys, White Noise: Masculinities and 1980s Indie Guitar Rock (Ashgate, 2006). El libro analiza las masculinidades blancas de diversas escenas indies (rock, pop, hardcore) en el Reino Unido, EEUU y Nueva Zelanda en los años ochenta, a partir de la experiencia personal de Bannister en la escena neozelandesa y su posterior trayectoria académica en el ámbito de los estudios culturales y el feminismo.

Sólo he leído fragmentos de este libro (la introducción, reseñas diversas…); no caeré en apelaciones al crowdfunding, pero ya nos entendemos. En todo caso, por lo que entendido el planteamiento de Bannister viene de perlas para rebatir el presupuesto de que cierto nivel cultural está de algún modo asociado a un menor machismo.

Así presenta el texto la editorial:

¿En qué medida desafían las masculinidades indies la construcción histórica patriarcal de la música rock? Ésta es la cuestión fundamental que se plantea Matthew Bannister, con un análisis en profundidad del rock independiente de los años ochenta en tanto que  producción cultural e histórica específica de los hombres blancos.

[…] Bannister sostiene que anteriores teorizaciones de las masculinidades (en el rock) se han centrado normalmente en la clase trabajadora y la desviación asociada al machismo “físico” […], simplificando las masculinidades al identificarlas con los “malotes”. Estos enfoques desatienden las formas en que el poder masculino se articula en la cultura no sólo a través de la representación, sino también del discurso intelectual y teórico.

Al volver a situar el indie en el contexto histórico/cultural del art rock, el libro muestra cómo el poder masculino se puede rearticular mediante la alta cultura, la cultura de vanguardia, la cultura bohemia y la teoría estética, con el establecimiento de un canon, la negación (Adorno), la pasividad, el voyeurismo y el camp (Andy Warhol y la Velvet Underground), y el primitivismo y el infantilismo (Lester Bangs, Simon Reynolds).

[…] Basándose en su propia experiencia como músico indie, Bannister repasa diversos artistas independientes, como The Smiths, The Jesus and Mary Chain, My Bloody Valentine y The Go-Betweens. De EE.UU., analiza a REM, The Replacements, Dinosaur Jr, Hüsker Dü, Nirvana y el hardcore, y de Nueva Zelanda, grupos de Flying Nun, como The Chills, The Clean, The Verlaines, Chris Knox, Bailter Space y The Bats.

Su análisis demuestra que entre estas escenas aparentemente dispares existen amplias continuidades en términos de género, teoría estética y enfoques de la historia de la música popular. El resultado es un libro que reflexiona sobre algunas cuestiones importantes: cómo se analiza el  género en la cultura popular y hasta qué punto las culturas alternativas son capaces de criticar las representaciones de género dominantes.

Básicamente, el argumento de Bannister es que el machismo clásico del rock (o del hip hop) no es la única forma de reafirmar la superioridad masculina, sino que existen otras, y una de ellas es la que se utiliza en el indie y en otras culturas musicales intelectualizadas (o la propia crítica musical).

Para Bannister, el sonido del indie es “el sonido de hombres tranquilos haciendo mucho ruido“, la forma con la que los hombres “sin poder” se reafirman en su reparto del pastel frente a otras masculinidades hegemónicas, a la vez que perpetúan la exclusión de las mujeres. Esto supone desarrollar un intelectualismo y una estética masculina diferenciada, en oposición a las ideologías tradicionales del rock como expresión creativa física y espontánea.

La estrategia del intelectualismo se basa en el hecho de que los miembros de las escenas indies, principalmente hombres, acumulan capital cultural creando un canon estético de influencias musicales oscuras sólo accesibles para “enterados” y este conocimiento los distingue y hace superiores a quienes tienen gustos estéticos más generalizados. Para Bannister, los indies aspiran a ser intelectuales de clase media, a regular los criterios del gusto. La acumulación de conocimientos y de propiedades (esas colecciones de discos…) es el procedimiento para adquirir estatus en la subcultura y proyectarlo sobre la cultura en general.

Incómodos ante las identidades de género convencionales de la música mainstream, parecería que los indies se abren a la expresión de los afectos. Sin embargo, según Bannister, cuando se analiza más detenidamente la aparente subversión de ese nuevo (anti)canon de “lo que mola” se entiende que sólo se cuestionan las formas y no el fondo, que sigue reproduciendo privilegios de género, clase y etnia. Para ello, se despliegan nuevas estrategias que poco contribuyen a las relaciones igualitarias, como el infantilismo, el amateurismo, la glorificación de la melancolía y el refuerzo de la desafección cool asociada a la masculinidad de clase media.

En conclusión, no es cierto que una mayor cultura equivalga a un menor machismo. Que leer mucho no te hace más justo es una conclusión a la que se podría llegar, por ejemplo, diciendo simplemente: “Fernando Sánchez Dragó”. Pero, centrándonos en el indie, Bannister demuestra que la intelectualización en las subculturas genera otras formas de machismo, “menos vulgares” a los ojos del gusto elitista, quizá menos visibles y más sutiles, pero probablemente por ello más perniciosas.

Otras reflexiones a partir del texto:

  • Leer el índice alfabético es hacerse la boca agua. Quiero saber qué dice de Lou Barlow,  Talking Heads, Orange Juice, Kevin Shields, Ian MacKaye, The Wedding Present y “los anoraks como style statement“.
  • Parece que a partir de la experiencia con Sneaky Fingers, Bannister plantea que el indie pop es un género subalterno al indie-rock y con mayor tendencia a masculinidades alternativas.
  • Se propone también la melancolía como un eje de las masculinidades indies, en un capítulo con el sugerente título “¿Qué puedo hacer si muere? Música, tristeza y masculinidades“ (aludiendo a “Pink Frost” de The Chills) y aún más sugerentes subcapítulos sobre “el artista sufriente”, la nostalgia, el intelectual sádico y el narcisismo de Morrissey y Warhol.
  • Gran concepto el de “amateurismo irónico“. ¿La ironía del amateurismo sólo se reconoce cuando lo practican los hombres?
  • ¿Cómo afectan estas masculinidades a diferentes escenas intelectualizadas en los márgenes: del indie rock más o menos sensible al straight edge?
  • ¿Qué papeles tienen las mujeres en las bandas indies?
  • Bannister concede que en las escenas independientes hay espacio para estrategias, negociaciones y diversidad en las masculinidades y cita a The Go Betweens o Husker Dü, por ejemplo. Menos mal, ¿pero cómo funcionan?

Pues nada, que eso, ¿alguien tiene por ahí el libro?

La trastienda de los grupos de chicas

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Ha llegado al buzón de las Señoras (srasquehablandemusica[a]gmail.com) la experiencia de una música en un grupo de chicas pop.

Lo que nos cuenta nos dice mucho de cómo se sigue construyendo la imagen de los grupos de chicas y las implicaciones que tiene para las mujeres que quieren dedicarse profesionalmente a la música.

Me he sentido muy identificada con los artículos, y os escribo para compartir algunas experiencias que he tenido como música: con mi grupo de rock-metal-progresivo nunca he tenido ningún problema por ser chica, al contrario, pero recientemente, me enrolé en un proyecto de “grupo de chicas pop” tras el que había un productor, y en el que me soltaron perlitas como las que siguen:

– “Suerte que eres joven y no tienes más de 25 porque sino ya queréis tener hijos y todo eso” (se ve que a partir de los 25 nos volvemos indefectiblemente, máquinas de parir, y ya no podemos hacer música).

– “Idea principal para el videoclip: short y enseñar piernas” (la carne ante todo).

– “A ver cuándo te dejas el máster ese que estás estudiando y te dedicas a esto por completo”. (Debo aclarar que el máster que estoy estudiando sólo me ocupa 4 tardes a la semana, y que la dedicación al grupo era a cambio de nada. Dudo mucho que a un hombre en la misma situación le pidan eso…).

Por supuesto, el objetivo de la banda es primar la imagen por encima de la música y perpetuar el estereotipo de chicas tontas que enseñan más que tocan. Una pena.

Comparto mi experiencia porque estas actitudes son muy comunes en el mundo de la música, y algunas mujeres lo aceptan y les acaba pareciendo algo normal, e incluso lógico. Como podréis imaginar, me echaron del grupo por no callarme ni tragar con todo.

A los grupos de chicas “prefabricados” se les presupone este tipo de artimañas. Lo que no se suele poner sobre la mesa es que trabajar como música profesional en un grupo supone asumir ese papel estereotipado (de género) y renunciar al reconocimiento profesional.

Por supuesto, la imagen construida se proyecta y reproduce como modelo de “música” ante todas las mujeres que se quieren dedicar a la música.

Sería interesante también plantearse si estas exigencias se dan en mayor o menor medida, o en modalidades diferentes, en diferentes estilos musicales.

Tampoco nos queda claro en la experiencia de esta música si el grupo en el que participó escribía sus canciones. En todo caso, es un buen aviso para mantener una actitud crítica y no olvidar plantearse siempre hasta qué punto tienen los grupos de mujeres autonomía y control sobre la imagen que proyectan. Si habéis tocado en un grupo de chicas, ¿cuál ha sido vuestra experiencia en la industria?