Después del Rock (II)

Madonna_Vogue-video_1990-1Hoy publicamos otra entrada del libro Despues del Rock del crítico Simon Reynolds. Continuamos con el capítulo sobre pop y postfeminismo. En este fragmento el autor habla de Madonna como ejemplo de figura exhibicionista postmoderna, inspirada por la cultura de baile de la comunidad gay negra estadounidense, de la cual posteriormente fuera erigida musa:

Madonna es, por supuesto, la figura pública que ha dado la más extensa exposición pública a estas ideas*. Pero su “auténtica inautenticidad” no se origina tanto en los conceptos posmodernos que circulaban en el aire como en la cultura gay. La estética camp y drag se ha deleitado siempre con la naturaleza ficticia del género, con el hecho de que la feminidad no se localice en la esencia de la persona sino en los accesorios: maquillaje, pelucas, tacones altos, ropas glamorosas. Tal como Siouxie Sioux, que se inspiraba en el espíritu de enmascaramiento de los chicos Bowie ambisexuales con los que acostumbraba salir, Madonna es una discípula reverente, que absorbe las ideas de la cultura gay y luego las convierte en marketing de masas.

La canción/video “Vogue” (1990) tiene serias pretensiones de convertirse en la declaración definitiva de Madonna. No solo es un claro ejemplo de su destreza para apropiarse de las ideas subculturales (el culto gay negro del vogueing** ) y volverlas mainstream para el consumo de masas; la canción es también virtualmente un manifiesto de Madonna. “Vogue” predica un evangelio secular de revindicación de sí y de potenciación a través de una maestría de las superficies: se trata de la idea del punk de “cualquiera puede hacerlo” adaptada a la era Reagan-Bush. A través del embellecimiento y la glamourización concertadas, cualquiera puede lucir como un miembro de la clase dirigente.

La subcultura vogueing fue brillantemente documentada en el film de Jennie Livingston Paris is burning (editado en 1990 pero filmado en 1987). Se trata de una conmovedora ojeada a las vidas de las travestis y transexuales negras e hispánicas que viven para los bailes, en los que contornean los accesorios que llevan extravagantemente puestos y compiten en una serie de categorias. Las ganadoras son las que alcanzan mas nítidamente “el look”: supermodelo con glamour de jet set, colegiala, militar, rapero, etc.

(…)
El documental de Livingston es favorable hacia los voguers, al sostener por lo menos parcialmente que la noción de su apropiación simbólica de la vida de clase alta constituye un triunfo. Pero es igual de sencillo quedarse con la impresión de que los voguers son víctimas, no vencedores. Marginados por partida doble -no solo negros, sino también gays-, los voguers imitan los valores y la imagen del mundo heterosexual del cual se sienten completamente excluidos. (…) Las fantasías de los voguers son tan convencionales, están a tal punto colonizadas, que convergen en una parodia de los valores de la heterosexualidad. Quieren poseer la opulencia del millonario, o mejor de la esposa de un hombre rico. Sus ideas acerca de lo que es ser femenina son de lo más reaccionarias: ser una auténtica mujer implica tenerlo todo pero sin pagarlo, pasividad, consumo ostentoso, vanidad. El vogueing es un ejemplo perfecto del concepto de “hiperconformismo” de Jean Baudrillard: el lazo de retroalimentación que tiene lugar cuando personas reales simulan las representaciones de los medios.

El vogue es probablemente la subcultura mas alienada del mundo. Y por detrás de las superficies iridiscientes acecha la pobreza y el peligro.

* postfeminismo, performatividad, resignificación
** cultura de baile

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Un “hermano” llamado Keith Richards

El análisis del “Mileygate” de Laura Sales nos ha recordado esta frase de la autobiografía de Keith Richards: “Si querías aprender algo de verdad bastaba con atravesar las vías del tren: los músicos negros nos cuidaban muy bien cuando tocábamos con ellos. `¿Quieres echar un polvo esta noche? Ésa estaría encantada. Seguro que no ha visto en su vida un tipo como tú´. Te ofrecían su hospitalidad, su comida y su jodienda” (“Vida”, Global Rhythm Press, página 16). Por lo visto, el colegueo masculino está por encima de las barreras raciales. Tampoco es de extrañar este comentario del guitarrista de los Stones: el grupo anda bien provisto de racismo y misoginia, recordemos aquel verso de “Some Girls” que dice “Las chicas blancas son bastante graciosas/a veces, me vuelven loco/las chicas negras solo quieren follar toda la noche/pero no tengo tanto aguante”. Otro ejemplo es “Brown Sugar”, uno de sus mayores éxitos, donde explican con tono cómplice y celebratorio la costumbre de los dueños de plantaciones de violar a sus esclavas. PD: La traducción de los subtítulos de “Brown Sugar” anda lejos de ser perfecta, pero sirve para hacernos una idea. keithrichardsbrownbelushi