Festival de videos misóginos: a ver quién la dice más gorda

Desde hace tiempo nos estáis mandando por Twitter videos misóginos y sexistas. Al principio nos llegaba alguno suelto y después comenzamos a pedíroslos para hacer una lista. Os mostramos aquí una pequeña degustación de zafiedad y machismo en imágenes musicadas.

Beastie Boys, “Girls”


Sin imágenes, pero con unas bonitas letras que nos hablan de que, si no quieres follar con él, fijo que eres lesbiana y que además ahí estás para fregar y traerle la comida.

A continuación, la versión “mejorada” de Pitbull. Sigue leyendo

Las damas del blues

Estos días se celebra el curso En la noche de las subculturas en la librería Traficantes de sueños (Madrid), organizado por Nociones Comunes. Una de las señoras de este blog participó en las sesiones del curso dedicadas a mujeres del blues y del soul; os ofrecemos una versión resumida de la primera. 

Las época dorada de las damas del blues

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La primera grabación en disco de un blues por una persona afroamericana es de una mujer. Una versión de “Crazy Blues” de Mamie Smith de 1920 tiene tanto éxito que las discográficas deciden que hay mercado y se dedican a grabar a otras cantantes. Esto da pie a lo que se conoce como la época dorada de las cantantes de blues, que finalizará con el crack de 1929.

Muchos de los estudios históricos más puretas blues nos cuentan que las formas auténticas del blues son rurales, producidas por hombres solitarios que se dedicaban a tocar y a viajar. A las mujeres bluseras de los años 20, que grabaron sobre todo en centros urbanos, se las ve como aberraciones comerciales. Sin embargo, esta visión ignora que la obra de mujeres como Ma Rainey, Bessie Smith o Ethel Waters tuvo un papel muy importante no sólo musical sino social y culturalmente. Como cuenta Angela Davis en Blues legacies and black feminism (libro en el que se basa este post) ellas supieron poner voz a las experiencias de las clases trabajadoras negras y promover un modelo de mujer independiente y autosuficiente.

El blues como expresión de una nueva realidad

El blues, que surge décadas después de la abolición de la esclavitud, expresa musicalmente las nuevas realidades sociales y sexuales con que se encuentran las mujeres y hombres negros. Aunque su situación económica no había cambiado mucho, sus relaciones personales habían sufrido una transformación radical.

La emancipación, según Davis, tiene tres efectos fundamentales en las vidas de los antiguos esclavos: ya no hay prohibiciones para viajar y moverse libremente como durante la esclavitud; la educación se convierte en un objetivo alcanzable; y la sexualidad se puede explorar libremente, se puede escoger a las parejas amorosas. La nueva conciencia que promueve el blues da expresión a, al menos, dos de estas transformaciones: el viaje y la sexualidad.

El viaje

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Tras el fin de la esclavitud y el final de la guerra civil en EEUU y la I Guerra Mundial se produce la conocida como Gran Migración, de población negra que vivía en su mayoría en zonas rurales (las antiguas plantaciones de esclavos) a zonas urbanas del Sur y del Norte.

Esta migración no tiene el mismo significado para mujeres y para hombres. La migración les afecta de forma específica a ellas porque quienes migraban eran en su mayoría hombres: ellas se quedaban atrás porque tenían cargas familiares, no tenían dinero para migrar o porque las alternativas baratas como colarse en un tren de mercancías entrañaban muchos peligros.

En este contexto, para muchas mujeres unirse a un vodevil ambulante o a una barraca de feria era un camino para la movilidad geográfica (una forma de emigrar) y social, pues era una de las escasas oportunidades de trabajar ganando un sueldo y rechazar la vida miserable y llena de abusos de una trabajadora doméstica. 

Amor y sexo

Históricamente, en la tradición afroamericana el amor sexual individual ha estado ligado con las posibilidades de libertad social. Hay que recordar que los esclavos no podían elegir a sus parejas, que a las mujeres muchas veces sus amos las explotaban sexualmente, que se separaba arbitrariamente a las familias cuando se las vendía, etc. Para los esclavos recién emancipados, poder escoger a sus parejas sexuales era un símbolo de su libertad recién adquirida, lo que explica la importancia de la sexualidad en el blues (y en otras expresiones y estilos musicales).

Aunque en el blues el amor sigue tiene una gran importancia, es importante notar que no se representa el amor como ese reino idealizado como hacen las canciones populares, sino como un terreno agitado y lleno de conflictos.

Las canciones que cantan las bluseras desafían las representaciones habituales del amor y la sexualidad. Las protagonistas de las canciones del blues femenino pocas veces son esposas y casi nunca madres. Las figuras femeninas que se evocan son mujeres independientes, que no están recluidas en el espacio doméstico. En las canciones abundan las referencias y metáforas sexuales y los personajes femeninos están claramente en control de su sexualidad.

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Por ejemplo, pocas de las canciones de Ma Rainey (en la imagen) hablan de mujeres hechas polvo por las infidelidades de sus parejas, sino que están protagonizadas mujeres con un comportamiento amoroso parecido al de los hombres y que defienden su derecho a pasárselo bien. En cuanto a Bessie Smith, si bien es cierto que la mayoría de sus canciones hablan de rechazo, abuso y amantes infieles, la posición habitual de la protagonista está lejos de la resignación y el desespero.

En este sentido, es importante señalar la importancia que tiene la interpretación que hacían estas mujeres de las letras, muchas veces desviándolas de su significado original y llevándolas a su terreno, dándoles una ironía o una distancia que no tenían en el papel. Muchas veces se olvida que estas mujeres también eran grandes comediantes.

Estas mujeres no tenían escrúpulos en anunciar el deseo femenino; las canciones expresan su deseo de “get their loving”. Por ejemplo, “One hour mama”, de Ida Cox (“…Soy una mujer de una hora, así que ningún tipo de un minuto me vale…”).

O por ejemplo, “Prove it on me blues” de Ma Rainey, que habla de su lesbianismo y explica al mundo porqué prefiere a las mujeres (“…Salí la otra noche con un grupo de amigas / Deben haber sido mujeres porque no me gustan los hombres…”).

También encontramos muchas canciones que hacen referencia a la violencia de género, que muchas veces se presenta como uno de los riegos de las relaciones sexuales. Aun así, el mero hecho de visibilizar este problema en público y mostrar a mujeres que se niegan a adoptar el papel de víctimas tiene un gran valor, según Davis.

Aun así, este momento optimista en el que las mujeres podían ejercer poder y control sobre su sexualidad no duró mucho. El espacio que se había abierto con la era dorada no sobrevivió a la Gran Depresión. Aun así, la herencia de cantantes como Ma Rainey, Bessie Smith o Ethel Waters sirvió de referente para las cantantes que vinieron después, y como inspiración a las feministas negras, que han dedicado numerosos ensayos a analizar su legado.