Chicas histéricas y hombres expertos: pop y autenticidad de género

Hoy las Sras publicamos un super regalo en forma de post de lo mas completo que nos hacen desde el muy recomendable Palomitas en los ojos sin ser nosotras sus madres ni nada de eso:


Chicas histéricas y hombres expertos: pop y autenticidad de género.

Este artículo ha sido realizado con la prestigiosa beca “PostxDrinks” en el que las autoras del blog colectivo Sras que hablan de musica invitan a un copazo por cada post que les escriba, por ese motivo este artículo se publica conjuntamente en Sras que hablan de musica y Palomitas en los ojos.
Si se considera usted un explorador de la cultura popular, uno de esos tipos que rebuscan la poética actual en los discos de rock, la estrategia futbolística del Barça y su adicción a la Mahou, ya sabe, uno de esos que llevan siempre camisetas de festivales de música extravagantemente caros y pantalones pitillos que lucen moderno pero que reducen sustancialmente el nivel de espermatozoides utilizables, no necesitará que venga una maricona como yo a hablarle de un libro como “Subculturas (el significado del estilo)” de Dick Hebdige. Si, en cambio, usted no se ajusta a ese estereotipo, me siento autorizada a realizarle una pequeña introducción que aclare la necesidad de este artículo: el libro de Dick Hebdige está considerado un texto fundamental para los estudios culturales desde su publicación en 1979 (y eso nadie lo discute), especialmente en el campo del análisis de las subculturas, tema al que mete mano utilizando herramientas como la sociología, la semiótica e incluso el marxismo al enfatizar los contextos sociales, económicos, históricos y de clase de cada uno de los grupos estudiados como los teddy boys, los mods, los rockers y los punks.
Por otro lado, ustedes, mujeres velludas y hombres afeminados, modernas todas, no dudo de que se maravillaran ante la pertinencia de la propuesta y aplaudirán que el libro se haya traducido al castellano (¡¡con 25 años de retraso!!) pero estoy casi segura que esa alegría se verá empañada de manera revanchista y un poco amargada por un razonamiento muy parecido al que sigue: “vale, ese libro estudia los contextos sociales, económicos, históricos y de clase de las subculturas, pero…¿y el vector género?”. Ay, hija, el vector género no pides tú poco… Pero, no, no se preocupen porque alguien se les ha adelantado y sus inquietudes fueron pronto trasladadas al propio autor, quien allá por 1980, tuvo que leerse la crítica de nuestra heroína, la académica pop Angela McRobbie quien publicaba por esas fechas un artículo titulado “Settling accounts with subcultures: a feminist critique”, en el que exponía que ella había leído y releído el libro, lo había puesto cabeza abajo y lo había zarandeado y por allí no aparecían chicas por ningún lado. Una carencia muy llamativa porque la propia McRobbie y su amiga Jenny Garber habían dedicado un artículo esencial al tema de la subculturas y las chicas en 1977 “Girls and subcultures”, es decir, dos años antes a las publicación del libro de Hebige y que es el que hoy nos ocupa ya que las traducciones de la McRobbie al castellano ni están ni se las esperan.
Existe una frase mítica del antropólogo Claude Lévi-Strauss que podría servirnos de perfecta introducción del modo en el que la sociología y los estudios culturales han tratado tradicionalmente la presencia femenina dentro de las subculturas juveniles y es esa en la que a la hora de describir una aldea expuso: “Los hombres se fueron a cazar, el poblado se quedó solitario, sólo estábamos las mujeres y yo”. A pesar que de todos podemos pensar que las señoras zulúes y los antropólogos androcéntricos son también personas y por lo tanto cuentan, uno no puede dejar de sentir que desde los estudios culturales muchos especialistas en culturas juveniles se han visto próximos a pegarse un tropezón parecido y escribir: “El bar quedó solitario sólo quedamos las novias de los teddy boys/moteros y yo” y quedarse tan panchos, oiga. Aunque haciendo justicia a la verdad sociológica es probable que al marcharse los mods, los bares quedaran desiertos por la simple y llana razón de que las mujeres, las mujeres jóvenes inglesas de los 50 y 60, no estuvieran allí. Ese parece un buen punto por el que comenzar a estudiar las subculturas femeninas, el puntualizar, tal como lo hizo McRobbie en los 70, que el género es un elemento clave para analizar el consumo de cultura popular, y que si se aplica como es debido se llega a la conclusión de que las chicas han consumido tradicionalmente cultura popular de manera distinta que los chicos: no en la calle convirtiendo sus gustos musicales o de vestimenta en signos identitarios colectivos sino en la intimidad del hogar, ya que entre otras cosas para la sociedad inglesa de los 50 que una mujer joven merodeara en la calle podría asimilarse a una invitación sexual. En “Girls and subcultures” McRobbie y Garber exponen que la industria del ocio norteamericana e inglesa a partir de los 50 se dirigía tanto a chicos como a chicas, pero que las chicas utilizaban estos elementos de manera distinta insertándolos en rituales hogareños que se fabricaban en torno a experimentar con peinados, maquillarse y probarse ropa. Rituales que sin embargo no excluían otras actividades públicas como bailes o guateques.
Angela McRobbie

Junto a esa separación entre espacio público y hogar existen otras diferencias significativas como que en palabras de esta autora: “los chicos tienden a ser más participativos y técnicamente informados en su relación con el pop” algo que según McRobbie se extiende hasta un estilo tan aparentemente igualitario como techno-pop, “mientras que las chicas se convierten en fans y lectoras influidas por medios como comics románticos o revistas sobre cantantes”. No obstante McRobbie y Garber no eliminan completamente a las mujeres de la fotografía de las subculturas y exponen que existieron teddy girls al mismo tiempo que analizan la figura de la motera, la chica mod o la hippy, que insertas en distintos espacios culturales tuvieron que verse con toda una colección de circunstancias que no las situaban en una posición predominante en esos grupos.
Teddy girls

Circunstancias como la doble moral sexual, los salarios más bajos (menor posibilidad de gastar en ocio), las dificultades de acceder a la contracepción, la dependencia de la mujer trabajadora del salario del marido (caso de las subculturas obreras), así como la estricta vigilancia que tradicionalmente se ha ejercido sobre las chicas jóvenes. Un buen resumen de ello sería la afirmación de McRobbie de que el término subcultura ha adquirido un carácter tan masculino que las chicas se sienten excluidas de ella y un buen ejemplo de la pervivencia de ese sentimiento lo encontré cuando hace un par de semanas me invitaron a explicar estas tontunas en el máster de feminismo de la Complutense y una de las alumnas explicó como en más de una ocasión en conciertos de música hardcore le habían pedido que se pusiera detrás porque “sino no podían empujar a gusto” (yo pensé “creía que ya no quedaban caballeros que parasen un pogo para que una damisela cruzara la sala”). Lo interesante de ese testimonio de la compañera no sólo fue que subrayaba el machismo en un entorno que no esperábamos –música punk, casa okupa, veganismo etc. etc.- sino que según sus propias palabras cuando llegó la hora de dar botes, no tenía nada que envidiar a los chicos, afianzando ese androcentrismo propio de las subculturas por las que tanto los hombres como las mujeres pueden ser recompensados pero sólo si son o se comportan masculinamente. O dicho de otro modo: en las subculturas pueden haber chicas pero en las filas de atrás para que no se lastimen, las de las filas de adelante ya saben lo que les toca…
Un buen ejemplo del androcentrismo dentro de la cultura mainstream podría ser el video-canción de Jessie J “Doing like a dude” (Portándose como un tío):

En “Girls and subcultures” McRobbie y Garber hablan de una subcultura propiamente femenina, la de las teennybopers, una subcultura pop femenina que desde los 50s –post Guerra Mundial- ha sido alimentada a base de comics, revistas y un flujo ininterrumpido de estrellas de la canción, destinada básicamente a mujeres pre-adolescentes, es decir, las fans de toda la vida. Las teenyboppers han ido saciando su hambre pop con estrellas como Frank Sinatra, Los Beatles y el bubblegum pop que fue esa operación comercial a base de grupos desconocidos que hacían música en cadena y en forma de singles (las adolescentes no tenían para pagarse lps) con grupos como The Archies (“Sugar”) o The Monkees que es considerado el primer grupo prefabricado de la historia. Junto a estos también podríamos relacionar a las teenybopers con los grandes grupos de chicas de los 60s (Shangri-Las, Crystals, Supremes…)-hace un tiempo le dediqué un post a ese tema en otra entrada- así como con los modernos fenómenos de fans como Justin Bieber. Ya sólo echando un vistazo muy superficial a los intereses de ese grupo vemos que una de las primeras diferencias con subculturas masculinas es que consumen música pop completamente empaquetada que emerge de corazón de la industria y que, por ello, según McRobbie y Garber, pudiera ser considerada como menos creativa que las subculturas masculinas. Sin embargo está marcada por unos intereses y circunstancias particulares entre las que deberíamos de destacar el modo en que las chicas interactúan entre sí.


Repasemos brevemente los elementos que según McRobbie y Garber marca a este grupo:
. La música y el tipo de ocio se acomoda al consumo del hogar: las chicas tienen menor libertad de movimiento que los chicos, especialmente en las calles.

.No es una subcultura restrictiva: no requiere un compromiso con ideas interiorizadas sobre lo que es “cool”, es barata tanto en uniformes como en revistas / discos y los conciertos son tan escasos como para considerarse amenazas.
.No existen riesgos sexuales: para las chicas de esas edades los chicos reales son percibidos como entes amenazadores y la mayoría de ellas, sean de la clase que sean, quieren retrasar el momento de los besos. Los ídolos fantásticos del pop no hacen esas demandas ya que quieren a sus fans sin pedir nada a cambio.
.Sirve para construir fantasías escapistas: Ser adolescente, chicas, es un stress y las fantasías que se construyen alrededor de los ídolos teen a través de narraciones como encontrarlos en el super o ser elegida entre la primera fila de un concierto sirven de válvula de escape para las (altas) demandas diarias de los estudios o el trabajo, no estando, además, exentas de un fuerte componente sexual. No podemos obviar que esta construcción romántica que se elabora a través de revistas, programas de tele/radio y actualmente internet tiene su lado oscuro ya que según McRobbie y Garber la idealización del teen idol “lleva implícita la subordinación de la mujer al hombre, anticipando la subordinación de la esposa al marido” y presentando una forma idealizada de matrimonio.
Sin embargo, pese a esa pasividad sentimental y consumista, McRobbie y Garber exponen que al declararse como fans las chicas están actuando activamente trastocando ese esquema de fan femenina pasiva frente a estrella masculina activa. Y al hacerlo están creando una identidad femenina en un contexto cultural comercial, una identidad que se corresponde a las características esenciales de las subculturas como fenómenos sociales de “retirada” (del mundo adulto o laboral) y “preparación” (para integrarse a él) que en este caso y según McRobbie están especialmente marcadas por las ansiedades que provoca moverse por el mundo de la sexualidad adolescente. De este modo la retirada significaría un alejamiento del mundo adulto y masculino ya que son grupos femeninos cerrados e inaccesibles a los chicos (alejados del ojo masculino que podría ridiculizarlas), los padres y madres, los y las profesoras. Como subcultura, pues, estaría marcada esencialmente por el modo en que las chicas interactúan entre ellas a través de una férrea solidaridad defensiva entre los grupos de teenyboppers que no suelen ser grandes en número. El tema de la “preparación” se podría vincular a como se anticipa el mundo sexual a través de la devoción por el idol y a través de (posibles) rituales semi-masturbatorios femeninos. McRobbie y Garber hacen una definición del fenómeno que no sólo es ajustada sino que creo que es pura poesía académica, lean y fíjense lo que es escribir bien:

“Debemos entender las culturas Tennyboppers como un modo de comprar tiempo dentro de la cultura comercial mainstream y del mundo real de los encuentros sexuales mientras a la vez se imaginan esos encuentros con la ayuda de las imágenes y los productos que proporciona la propia cultura comercial mainstream, desde el espacio seguro de la exclusividad femenina de un grupo de amigas”

Las Vivian girls han leido a la MacRobbie

Este texto fundamental tiene, claro, sus cuantos años y en la escena de la música enlatada para adolescentes han pasado muchas cosas y algunas claramente contradictorias. Según mi punto de vista que está más marcado por ser una aficionada a la cultura pop que por ser una experta en música, creo que la música para chicas adolescentes sigue siendo considerado el escalafón más bajo de la música pop pero paradójicamente sus formas industriales han sido adaptadas como una de las herramientas más poderosas del (casi) difunto negocio musical. Pensemos por ejemplo como la celebridad articula el actual estrellato musical y veremos que prácticamente desde la aparición de la MTV y desde que las radio fórmulas descubrieron el poder consumista de las adolescentes la música pop contemporánea se basa en la sucesión de una serie de estrellas (Adele, Christina Aguilera, Beyoncé, Kelly Clarkson, Miley Cyrus, Ke$ha, Lady Gaga, Nicki Minaj, Katy Perry, P!nk, Rihanna, Robyn, Shakira, Britney Spears, Taylor Swift y Carrie Underwood) que sacan una serie de singles musicalmente indiferenciados y que llenan el escenario de prácticas para musicales, que si la camiseta, que si la chapa, que si la mochila… Hecho que no es baladí, amigas, ya que dado que el concepto de estrella musical de facto articula el negocio en una serie de plataformas que vienen a sustituir la antigua venta de discos –que si el single para el ipod, que si el concierto acontecimiento, que si la marca de ropa, que si la página web- el universo pop se llena de información biográfica (que si ha engordado, que si su novio se ha vuelto marica, que si le quitan la custodia de sus hijos por posesión de cocaína, que si se ha enrollado con una dj) que no sirve absolutamente para nada ya que, como decíamos, musicalmente no podemos diferenciar a una de otra… bueno, a ciencia cierta, sirve para algo, sirve para crear un relato que circula por todas esas plataformas. Es decir, cuando compras la ropa que diseña Shakira, es un pour parler, estas consumiendo a Shakira del mismo modo que si escucharas su música…
Cuando existían Take That y los aeropuertos estaban llenos de fotos de terroristas

Take That, smells like teen spirit

Este debate nos lleva a otra interesante cuestión: si la música mainstream es falsa y femenina, ¿la música indie es masculina, es decir, se construye en base a discursos masculinos? Yo, por ese terreno no me quiero meter porque los indies se conoce que tienen muy poco humor y sólo son irónicos para soltar mierda machista, pero como oyente de Radio 3 no puedo dejar de constatar que ciertos discursos sobre el grano de voz de un cantante, la calidad cruda (raw) de su música y la insistencia en que la biografía del artista influye en su obra se pueden contraponer fácilmente a ciertos discursos sobre la feminidad de la música hiper producida (¡¡ese vocoder!!), fácil y comercial que son, por otro lado, atributos de toda la vida ligados al pop. Del mismo modo la figura del aficionado a la música indie se articula como un conocedor mientras que la fan de la música pop articula pública y mediáticamente toda una serie de discursos sobre el histerismo femenino, la idiotez de las mujeres adolescentes y los excesos del consumismo fanático.
Pero este artículo quedaría cojo si no señalamos que junto a esa tendencia que ha convertido en mainstream los mecanismos de la música para chicas, la industria musical occidental ha cambiado hasta convertirse en un escenario muy complicado como para producir esa música tonta y fácil que tanto gusta a las chicas adolescentes y a las que nos sentimos chicas adolescentes. Cambios que van desde contenidos de las canciones (las múltiples referencias a drogas de las canciones de Nicki Minaj) hasta la información sobre la estrellas que corre de manera enloquecida en la era de internet logrando que nos enteremos a tiempo real de las meteduras de pata de Justin Bieber: ya sea que escribe una tontería en el libro de visita de la casa de Ana Frank o que le hackean la cuenta de twitter y confiesa falsamente que es gay (¿se imaginan a una fan de los 50 recibiendo noticias sobre la vinculación a la mafia de Frank Sinatra?).
Nuevo Pop coreano para fans

Por eso las personas que necesitamos ese tipo de música en nuestra vida diaria hemos tenido que saltar al escenario global para descubrir que la verdadera mierda está en el pop coreano, el k-pop, que se ha convertido en una amplia y robusta industria cultural que domina todo oriente. Una industria organizada en fábricas de idols y cuyas aficionadas, especialmente las occidentales, se han convertido para mí en la élite de las teens y cuyas sofisticación a la hora de consumir pop dejaría en pañales a cualquier redactor de revista de tendencias musicales indies, pero eso lo dejamos para otro día que las señoras que hablan se tendrán que currar otro cocktail…

Os animamos a mandarnos vuestras colaboraciones,experiencias, historias,comentarios,videos,canciones o lo que querais publicar a srasquehablandemusica (arroba) gmail.com
Muchas veces nos mandais vuestras sugerencias sobre algun tema que os llama la atención pero no siempre podemos convertirlas en posts, asi que si os animais a darle forma mucho mejor. Después, si eso,ya hablamos de lo de Drinkxpost.

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10 pensamientos en “Chicas histéricas y hombres expertos: pop y autenticidad de género

  1. Comentar en este tipo de entradas siempre te hace parecer idiota. De modo que, tres (dos) dudas que me asaltaron leyéndola:
    1. “Existe una frase mítica del antropólogo Claude Lévi-Strauss…” que tras ser citada y puesta en contexto se remata con “A pesar que de todos podemos pensar que las señoras zulúes y los antropólogos androcéntricos son también personas y por lo tanto cuentan…”
    Según esta reseña de Bruno Latour de un debate entre Philippe Descola y Eduardo Viveiros de Castro:
    “Viveiros was not accusing Descola of structuralism (a critique that has often been levelled at his wonderful book), since structuralism, as Lévi-Strauss has it, is on the contrary ‘an Amerindian existentialism’, or rather ‘the structural transformation of Amerindian thought’ – as if Lévi-Strauss were the guide, or rather the shaman who allowed Indian perspectivism to be transported into Western thought in order to destroy it from the inside, through a sort of reverse cannibalism”.

    http://www.bruno-latour.fr/sites/default/files/P-141-DESCOLA-VIVEIROSpdf.pdf

    Supongo que quiero ir más allá de lo anecdótico y de decir que Lévi-Strauss no estudió a los zulúes. Quiero decir que la transposición a partir de una anécdota, se aproxima demasiado a la generalización y simplificación. Que supongo me lleva a…

    2. Los dos artículos de McRobbie citados son análisis centrados en grupos concretos en una determinada coyuntura social, histórica, cultural y demás. ¿No resulta un tanto grueso querer extender las conclusiones de dicho análisis desde los finales de los 70 a la actualidad? No digo que sea imposible encontrar unos rasgos generales que respondan a las conclusiones de múltiples casos de estudio (como los propuestos). Ni que tomando esto como punto de partida, podamos explicar cosas más generales. Pero, al menos es mi impresión, la “autoridad” para hacer el análisis parta de los citados artículos, me resulta un tanto una impostura.
    En “On Record: Rock, Pop & the Written Word”, Simon Frith selecciona una pieza propia de 1985, cito un par de párrafos:
    “In 1978 Angela McRobbie and I wrote an article titled “Rock and Sexuality” for Screen Education. It was not a very profound piece but it was, surprisingly, a “pioneering” attempt to treat rock’s sexual messages analytically. It was reprinted in an Open University reader an is, to our embarrassment, still regularly cited. To our embarrassment because the piece was a jumble of good and bad arguments. We confused issues of sex and issues of gender; we never decided whether sexuality was a social fact or a social discourse”.
    (…)
    “The most misleading of our original arguments was the distinction we made between male activity and female passivity when, in fact, consumption is as important to the sexual significance of pop as production. Teenybop culture, for example, is as much made by the girls who buy the records and magazines as by the boys who play the music and pose for the pinups, and once we start asking how pop produces pleasure, then notions of passivity/activity cease to make much sense. There’s pleasure in being fucked as well as in fucking, and how these pleasures relate to gender is the question at issue. What’s obvious in the Vermorels’ book is that fan fantasies (however masochistic) are a form of vengeance –in dreams we control the stars who in our fandom seem to control us. What’s equally apparent is that these private games with public faces are for many fans, male and female, a way of making sense of their own sexuality”.

    Lo que me resulta bizarro es que tras décadas de literatura en campos como la antropología material, los estudios de fans o el propio feminismo (o el propio trabajo posterior de los propios autores en el mismo terreno), se quieran presentar como válidas las mismas conclusiones sin querer criticar o repensar los paradigmas de los que se parte.

    3. Mientras los dos anteriores eran dudas, el tercero sí creo que es una crítica. El final es ridículo. No se puede afirmar una especie de pérdida del sentido de la “inocencia” y que ya no se produce “música tonta y fácil” en el pop “occidental” (¿Psy es pop occidental?) porque todo es demasiado complicado y todo está demasiado expuesto, cuando en cosas como el K-Pop, el J-Pop o el C-Pop todo el mundo sabe (productoras, intérpretes, consumidoras) que todo es mentira y apariencias pero todo el mundo se posiciona para establecer las condiciones de posibilidad de esa fantasía. El K-Pop alcanza cotas casi delirantes: hasta los fans parecen querer incluir spin en sus opiniones y todo el mundo ignora o pretende ignorar cosas para poder mantener la pose. Desde el continuo ciclo de noticias organizado en torno a mini-escándalos, el linchamiento a sus propios ídolos o los no-eventos establecidos casi como verdades “científicas”. Lo que prefieran: la agencia nacional de noticias escribiendo artículos sobre la posición en Billboard del regreso del héroe nacional, los tipos que distribuyeron fotografías cortando y pegando espectadores en sus conciertos o la ya mítica campaña de las SNSD en Japón, con ese gigantesco evento de partida, llenar un estadio sin casi haber hecho promociones con el recinto vendido en minutos. Salvo que regalaban entradas en la puerta para llenar el aforo, el público no consistía únicamente en chicas adolescentes, también hombres en distintos rangos de edades y por ejemplo, parejas mayores (comprobable en el vídeo del evento si uno esquiva la realización), y así todo. Enlazo este artículo, “Multiple Exposures: Korean Bodies and the Transnational Imagination” por si puede resultar de interés:

    http://www.japanfocus.org/-Rachael_M_-Joo/3807

  2. Touché, mi querida amiga… el que resulta idiota es el/la autora del artículo tras leer una precisiones que usted ha considerado oportunas y que muy probablemente lo sean.
    1) El punto uno era una broma, como usted bien habrá percibido, quizás me haya equivocado de plataforma y éste en vez de ser un punto de encuentro más o menos informal de personas interesadas en el pop es un círculo académico. Si este espacio es un ámbito académico evidentemente he metido la pata, las citas son inexactas, las traducciones son libres, los chistes sobran, Lévi-Strauss nunca estudio a los zulúes y muy probablemente los pantalones pitillo no reduzcan el nivel de espermatozoides. Muchas veces en mi vida he tenido que ajustarme a los canones académicos (y lo que te rondaré morena… si es que el ámbito académico tiene el pelo de algún color y no es calvo como supongo) pero ha sido un proceso duro, árido y nada satisfactorio a pesar del alto índice de impacto que pudiera tener, que tampoco, como habrá podido comprobar por mi nivel. Además este post se concibió a través de una serie informal de emails con las responsables del blog y no de un tribunal editorial que lo valorase de manera ciega. Lo cual nos lleva a…
    2) Yo no soy una autoridad, pero McRobbbie lo es. Precisamente por no considerarme una autoridad no tengo ninguna necesidad de utilizar el escrito o las ideas de McRobbie como escudo o plataforma, yo soy una divulgadora, lo cual, aceptémoslo y como usted bien señala tiene sus muchas carencias entre ellas la grosería académica. ¿Necesita McRobbie que una idiota como yo vulgarice sus muchos hallazgos?… mujer, eso se lo deberíamos de preguntar a la propia McRobbie pero creo que traducir libremente un texto de 1977 y divulgarlo a una audiencia que no ha tenido acceso a ello, entre otras cosas por el elitismo de la Academia, es algo merece seguro la pena, o por lo menos yo así lo he considerado y a esa labor le he dedicado dos días completos de curro (seguramente me los podría haber ahorrado), de todas formas tenga presente que mis artículos están planteados como un punto de inicio y no de finalización (de inicio incluso personal como investigadora). Pero en una cosa usted tiene razón, yo no estoy muy familiarizada con los textos de música pop de McRobbie a la que llegué por un libro que seguramente usted conocerá como es “ The Aftermath of Feminism: Gender, Culture and Social Change” y que sirvió en la discusión de mi trabajo final de máster y que titulé con el horrible y académico nombre de “Postfeminismos: representaciones de género en la cultura popular neoliberal” que usted puede consultar online. Viendo, pues, que usted tiene mayores conocimientos sobre el tema apunto las correcciones pertinentes pero sin aceptar bajo ninguna circunstancias que lo mío es postureo intelectual: puedo ser idiota, pero no tramposa. En todo caso remito a las lectoras al artículo original: http://sjcsociologyofyouth.files.wordpress.com/2011/01/girls-and-subcultures.pdf
    3) Entiendo pero no comparto su crítica al tema del K-pop principalmente porque la gente que nos acercamos de manera desenfadada y todo lo rigurosa que podemos (chica, cada una hace lo que puede) nos encontramos entre el fuego de la academia y la virulencia de los fans. Eso, sin embargo, no es excusa para señalar que en este caso en concreto mi acercamiento al k-pop es muy muy superficial. A ese respecto, mi única disculpa es que ese tema lo traté en una larga conferencia organizada por el Patronato de Actividades Culturales de la Universidad de Valencia en la que analicé la estética vocoder del k-pop, el carácter glocal del mismo así como sus cualidades para insertar a las fans globales en una serie de actividades que rescriben y convierten el contenido convirtiéndolas en prosumer (productoras+consumidoras). A pesar de que usted tiene un bagaje en este tema que otra vez supera al mío por mi cercanía con fans de las series de corenas (vivo con una y alguna vez he asistido a encuentros y fiestas) le tengo que corregir con la boca pequeña y desde mi experiencia que por lo menos las fans europeas no lo viven irónicamente –claro que ahí entrarían discursos sobre lo exótico blablablá… En fin, para terminar con esta cosa tan enfarragosa de “yo la tengo más grande” y que usted me lance un par de enlaces que me rebatan he de decir que ese tratamiento tan superficial tiene otra razón de ser que es que mujer llevaba cinco páginas escritas, me tengo que apiadar de mis posibles lectoras que una cosa es que usted y yo no tengamos vidas, pero seguro que hay gente que quiere cenar, tomarse una caña y disfrutar de sus parejas o de sus relaciones esporádicas…

  3. Ante la respuesta, supongo que tengo que hacer una enumeración más o menos gratuita: en ninguna parte he atacado el valor divulgativo de la propuesta ni la traducción del texto, su habilidad para explicar, situar y exponer los conceptos y las ideas (ni estos últimos en si mismos), su valía profesional, el trabajo (evidente) de documentación, conocimiento de las fuentes y de escritura del propio texto (que de ninguna manera se escribe solo), tampoco la voluntad de querer presentarlo en un foro público con la ya muy conocida posibilidad de ser objeto de ridículo por gente que no ha querido entender el texto en cuestión, así como en ningún sitio he definido su posición intelectual como “postureo”.

    Digo que es obvio que McRobbie en 1977 no pudo escribir sobre la evolución de su objeto de estudio ni comprobar si las conclusiones extraídas en aquel momento eran válidas de forma más o menos general para las tres siguientes décadas. Obviamente, McRobbie ha escrito más sobre el tema durante ese tiempo, pero sus reflexiones no se nos presentan. Puede que las reflexiones posteriores sean un trabajo de síntesis personal de años y años de lecturas de libros y artículos, de conferencias, conversaciones y reflexiones. Igualmente el acceso a esas fuentes no se nos presenta. No digo esto porque sea algo importante, pero quizá alguien podría encontrar o conocer la existencia de textos específicos que encontrara de interés. Y en el caso de ser un trabajo de investigación propio, la tarea es ingente y desmesurada. De modo que digo que es una impostura el presentar como “evidentes” dichas conclusiones. Ni siquiera que sean verdaderas o falsas.

    En fin, demostrado que soy idiota. Respecto al K-Pop, claro, no es irónico. En Japón, alguien inventó el termino 2.5D. Si el 2D representa el mundo de la ficción en el anime y el manga y el 3D representa el mundo “real”, en el que se desarrolla lo cotidiano, el 2.5D es un mundo real que uno satura con ficción, entretenimiento, fantasía (o lo que se prefiera), por muy “falsa” que esta sea. Alguna gente usa el término “post-irónico” en esas coordenadas (estamos saturados de denuncia y crítica, pero seguimos encauzando nuestros afectos de modos similares o seguimos teniendo querencia por cosas que ya han sido ridiculizadas hasta el extremo), aunque no es lo habitual.

  4. Bueno, compréndeme que cuando te curras las cosas y parecen ser desestimadas con un par de citas una se ponga como una gata sobre tejado de zinc virtual (¡¡¡pelea de gatas!!!)… pero sigues dándole vueltas al mismo tema y pidiendo peras al olmo ya que lo que me parece que esperabas es un review, y chica yo no tengo el coño para reviews 🙂 . Para la gente que no vive en el disparatado mundo académico un review es cuando una revista científica-académica pide a una gran personalidad en un campo determinado que recopile una serie de artículos para que haga un estado de la cuestión sobre un tema determinado, en este caso “estudios culturales y fans”. No siendo pues ninguna personalidad ni esta una revista académica yo lo que te puedo remitir es a las revistas del ramo o a esos tomos que sacan las universidades recopilando distintos puntos de vista (“readers”).
    En cuanto al (im)postureo intelectual, hace podo leí una frase de Elizabeth Adams St. Pierre que me decía “as a method of analysis, discourse analysis is not about pointing out an error but about looking at how a structure has been constructed, what holds it together, and what it produces” (2000, 482) que traducida viene a ser una cosa como “como método de análisis, el análisis del discurso no trata de señalar un error sino de estudiar como una estructura ha sido construida, que la mantiene y que la produce”. Lo que nos viene de lujo para este caso: que el texto de McRobbie de 1977 puede tener errores, probablemente, que esos errores lo más seguro es que hayan sido matizados por la autora, casi seguro, que yo además he aplicado el texto de manera errónea, segurísimo… pero continuo pensando que como herramienta para empezar a pensar el texto señala estructuras machistas y los discursos que los mantienen de manera clara y meridiana. Que usted cree que me he pasado extendiendo esas conclusiones a través de las décadas, bueno, bueno, eso también hay que pensarlo detenidamente. Evidentemente el machismo sigue existiendo en las subculturas y este blog es buena muestra de ello. Según mi punto de vista, ciertas descripciones que hace McRobbie de las teenyboppers se pueden aplicar a fenómenos fans femeninos actuales, o no diría que las fans de Justin Bieber se pueden definir como que sus actividades “no requiere un compromiso con ideas interiorizadas sobre lo que es “cool”, es barata tanto en uniformes como en revistas / discos y los conciertos son tan escasos como para considerarse amenazas”.
    La segunda parte del post es producto de otras investigaciones y parten de opiniones propias y ese es evidentemente un terreno peligroso (y así lo señalo en el post). Lo que te animo es que escribas tú misma un texto que contradiga, refuerce, vaya por otro camino o sea completamente distinto para que podamos leer tus puntos de vista en primera persona o tus investigaciones que para eso estamos participando todas en un blog colectivo.
    En cuanto a la que no nos sigue, no me extraña nada porque nos hemos puesto a hablar en el lenguaje mágico de las chamanes universitarias, como si fueramos unas zulúes de esas que estudió Claude Lévi-Strauss… 🙂

  5. Joorrr, qué nivel tenéis muchachas!, rebajemos un pelín el tono académico, que aunque una es licenciada ya quedan muy lejos las clases de antroplogía cultural… En mi modesta opinión, un modo menos “espesito” acercaría a todxs a la comprensión del artículo y a las respuestas/comentarios vertidos, y creo que animaría a más personas a participar en el tema, que por otro lado resulta muy interesante. Por favor, todo esto es dicho sin acritud y con el máximo respeto, me encanta este blog, pero me gustaría que fuese un pelín más liviano sin que por ello los contenidos sean insulsos. Gracias y a seguir recordando que las mujeres sabemos de música tanto o más que ellos!

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