Tracey Thorn, feminista, sobre Margaret Thatcher

tracey thorn

Los festejos populares que han seguido a la noticia de la muerte de Margaret Thatcher el pasado 8 de abril han brindado la ocasión perfecta para el recuerdo de la politización del pop británico en los años ochenta, como ha relatado recientemente Ivan Conte en Playground (y ya había contado hace unos años en Diagonal).

¿Pero qué lugar ocupa el feminismo en este análisis? Tracey Thorn, desde su larga trayectoria en el pop independiente británico (de sus inicios con Marine Girls, pasando por Everything but the Girl y hasta su actual carrera en solitario) y su activismo anti-Tory junto a Billy Bragg, Paul Weller o The Communards en el colectivo Red Wedge, da una perspectiva distinta sobre la vituperada Dama de Hierro: la de una cantautora pop, feminista y de izquierdas.

Traducimos el artículo que publicó Tracey Thorn en inglés en la web de ITV el 10 de abril de 2013.

¿Se vería de otra forma la muerte de Thatcher si hubiera sido un hombre?

Tracey Thorn

Yo soy hija del feminismo de los años setenta, una época en la que se practicaba el buen colectivismo de la vieja escuela, se creaban grupos de mujeres y se creía en la sororidad.

Para mí, ser feminista significaba intentar remodelar la sociedad en términos más favorables para las mujeres en general.

Lo que no sabía era que a lo largo de los años ochenta se iba a redifinir lo que significaba ser feminista y, en línea con el clima individualista de aquella década, se  asociaría el feminismo a la imagen pública de cualquier mujer que tuviera éxito a título individual, ya fuera Madonna o Margaret Thatcher.

Madonna en 1984.

A la gente de mi generación y de mis ideas aquello nos parecía odioso.

Entendíamos que estaba bien que hubiera mujeres poderosas que actuaran de referentes, pero si iban a utilizar su ejemplo para rechazar abiertamente y denigrar los propios movimientos sociales que las habían ayudado a llegar a donde estaban sólo las podía considerar Enemigas.

La evidente aversión y el recelo de Thatcher por las mujeres la llevaron a rodearse de hombres mediocres, a no procurar por el progreso de otras mujeres de su partido y, por supuesto, a no hacer ninguna política de apoyo a las mujeres ni en el hogar ni en el empleo.

¿Y esto cómo va a ser feminismo, me decía? No es más que culto a la política individual, en este caso representada por una mujer excepcionalmente carismática.

Margaret Thatcher en el Congreso del Partido Conservador en 1979.

Pero, aun así, nunca ha sido agradable ser una feminista anti-Thatcher, ni oponerse con firmeza y rotundidad a la única primera ministra que hemos tenido.

Muchas veces los hombres de la derecha nos han paseado alegremente su mera existencia por delante de la cara (“¡Mira, nosotros tuvimos a una mujer al frente antes que vosotros, ja, ja!”) y con frecuencia se la ha utilizado como arma arrojadiza (“¿Cómo puedes decir que todavía existe el patriarcado cuando una mujer ha llegado a lo más alto? ¡Eso demuestra que todo es una cuestión de mérito individual!”.

Exasperante y lo saben. Ahora ha muerto y personalmente no siento ninguna alegría.

Nunca me gustó la letra de aquella canción de Costello que hablaba de bailar sobre su tumba ni la de Morrissey que la ponía en la guillotina.

En términos políticos, estaba en su mismo bando, pero no entendía el valor de reducir la política de una década —y, hay que asumirlo, Thatcher no ideó ni puso en práctica aquellas políticas ELLA SOLA— al desagrado personal hacia un individuo determinado.

Y me preocupaba que la acritud de aquel desagrado personal se debiera, al menos en parte, muy en lo hondo y sin que se reconociera, al hecho de que era una mujer, e incluso un tipo de mujer en concreto: autoritaria, estirada, una especie de institutriz.

Muchas veces pensaba que su homólogo masculino era Norman Tebbit, pero, aunque mucha gente lo aborrecía, no recuerdo ninguna canción que hablara de patear su tumba o de su ejecución.

Margaret Thatcher con Norman Tebbit en el congreso Tory de 1985.

Así que Thatcher y la rabia que provoca me generan cierta inquietud. Comparto en gran parte esa rabia y entiendo de dónde proviene.

Pero cuando veo una pancarta como la que he visto esta mañana, proclamando con orgullo y alborozo “LA ZORRA HA MUERTO”, sigo sintiendo que es una reacción que quizá sólo una mujer poderosa podría provocar y que la violencia implícita y el odio encarnado en esa frase es algo que todas las mujeres todavía debemos temer, con motivos suficientes.

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Tracey Thorn, con las Marine Girls en 1983 y Everything the Girl en 1984. Algún día hablaremos de su reciente autobiografía, Bedsit Disco Queen.

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5 pensamientos en “Tracey Thorn, feminista, sobre Margaret Thatcher

  1. En una primera lectura me ha costado un poco empatizar porque esperaba una catarsis euforica de quien se ha liberado de una opresión. Después me he puesto a pensar un poco trasladandolo al panorama estatal y me recuerda un poco a cuando alguna gente de izquierda insulta a las politicas de derechas con insultos machistas que creen totalmente legitimos: mujer, pues zorra, puta, malamadre etc. Está claro que hay un cierto sesgo misogino en algunos comentarios que se están leyendo ultimamente sobre Thatcher (ayer lei el de Morrisey), pero la verdad es que fue un personaje tan dañino para las mujeres, las clases menos pudientes y la sociedad en general, que cuesta dominar las pasiones con perspectiva feminista.
    Pego aqui este enlace, todavia no lo he leido pero creo que habla de algo similar
    http://www.nme.com/blogs/nme-blogs/margaret-thatcher-%E2%80%98ding-dong-the-witch-is-dead%E2%80%99-campaign-is-an-embarrassment-for-the-left?utm_source=twitter&utm_medium=social&utm_campaign=news5

    • A mí me encanta el texto. Echaba de menos un análisis más complejo, más allá de la catarsis.
      Está claro que el machismo está en todas partes: en el reguetón y el indie, en cómo amamos y cómo odiamos. 🙂

  2. A mi también me ha gustado mucho. Gracias por acercárnoslo. Sin duda Margaret Thatcher no es un referente para mí o, también desde mi opinión, para el feminismo… pero más allá de ello no debemos obviar la guerra subliminal contra todo lo que lleve faldas… o vaginas.

  3. Os dejo otro artículo que analiza la muerte de Thatcher desde las izquierdas también con la complejidad y la profundidad que se merece: http://history-is-made-at-night.blogspot.com.es/2013/04/obligatory-thatcher-death-post_14.html

    Hace una reflexión interesante sobre el personalismo:
    “The mythical Maggie was an almost superhuman figure, single-minded, all-powerful, ruthlessly vanquishing her foes and transforming the country and indeed the world on a couple of hours sleep a night. This myth of the Iron Lady was carefully cultivated by Conservative party strategists and a fawning press. But it was also built up by opponents on the left who credited her with a new doctrine of ‘Thatcherism’ and more broadly by all those who turned her into a symbol of secular evil (a witch, no less) and who chanted endlessly on demos ‘Maggie, Maggie, Maggie, Out, Out, Out’ as if what later became known as the neo-liberal offensive against the working class was a one person operation.”

    No estoy segura de qué habría pasado si Thatcher hubiera sido un hombre, si es más fácil construir mitos malditos a partir de mujeres que de hombres… dudo.

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