Si dos mujeres cruzan opiniones sobre Bin Laden, ¿están hablando de hombres o de política?

Publicamos hoy un texto sobre personajes femeninos en las peliculas, en concreto los personajes centrales de la pelicula “Zero Dark Thirty” analizados según el Test de Bechdel, preguntándonos acerca de las limitaciones de éste y de lo que es politicamente deseable de la representación de las mujeres.

Texto original de @Suripantarosa  con amorosa revisión de @inwit

Si dos mujeres cruzan opiniones sobre Bin Laden, ¿están hablando de hombres o de política?

Unas cuestiones sobre las limitaciones del test de Bechdel y la conveniencia de su aplicación de forma literal. ¿Mi excusa para volver a hablar del tema? El artículo publicado en Cinemanía que somete al test a los nueve largometrajes nominados a mejor película en los Oscar 2013.

Cuando dos vecinas discuten acerca de Rajoy, ¿están hablando de hombres o de política? Cuando dos mujeres hablan del hombre al que aman, del hombre con el que follan, del hombre del que quieren separarse, ¿se limitan siempre, sin más, a hablar de machos, o pueden quizá estar valorando su necesidad de emancipación o analizando el maltrecho amor romántico, la dependencia emocional y el sexo hipster?

Maya (Jessica Chastain) protagoniza ‘Zero Dark Thirty’, nominada a mejor película en esta edición de los Oscar y que, como recoge el artículo mencionado, ‘Las Nominadas a los Oscar 2013 y el test de Bechdel’, suspende ­por poco­ el test. Sí, en ella salen al menos dos mujeres con nombre propio que mantienen una conversación de más de un minuto, pero este intercambio se centra en Bin Laden y sus compañeros de la CIA. Bien.

Tengamos en cuenta lo siguiente: ‘Zero Dark Thirty’ recorre diez años de esfuerzos de los gobiernos estadounidenses de Bush y Obama por dar un cierre épico al episodio de los atentados del 11S. Diez años que culminaron con el asesinato de “Gerónimo” Bin Laden y su salto de trampolín con triple tirabuzón a las aguas del mar de Arabia, o a la morgue militar estadounidense de Dover.

Segunda cuestión a tener en cuenta: las dos mujeres que mantienen la conversación son Maya, la protagonista, y Jessica (Jennifer Ehle), ambas agentes de la CIA implicadas en las operaciones de búsqueda, captura y asesinato de Bin Laden.

Tercer apunte, este personal: me acuerdo de uno de los primeros comentarios de texto que hice de pequeña. Era de un clásico de la poesía española cuyo nombre no consigo recordar (pistas bienvenidas). Puede que perteneciera a aquella serie de lírica cortesana que escribió Quevedo con Lisi como quintaesencia de la/lo mujer. Se trataba de una sucesión de metáforas manidas: tus dientes como perlas, tu piel de durazno, tu boca de fresa; seguida de otra tanda de imágenes retóricas que contrastaban la carne joven con la decrépita. De las perlas al hueco negro, del durazno a la lija, de la fresa a la pasa. El poema llevaba nombre de mujer y eran sus rasgos los que describía. Para hacer el comentario de texto, teníamos que rellenar una fichita bien cuadriculada en la que uno de los interrogantes era “sujeto protagonista del texto”. La respuesta fue casi unánime: Lisi. A mí, bueno, me pareció que el sujeto del poema no era ella, sino el tiempo. La repelente niña Vicente que hay en mí nunca perdonará a mi profesora que en el transcurso de la clase me dijera que estaba totalmente equivocada, para luego citarme a la salida y concederme que mi enfoque también era correcto. Y es que aquel poema era a la vez descripción de la amada idealizada y melancolía saturniana del tempus fugit, el carpe diem y esas cosas.

Desde que me crucé con el test de Bechdel interpreté los tres puntos que lo componen desde una perspectiva flexible y con la mejor de mis sonrisas, porque este test surge de una tira cómica, ‘Dykes to watch out for’, muy hija de su tiempo –se publicó en 1986–, centrada más bien en la cuestión de las cuotas, en la presencia cuantitativa de la mujer, no tanto en su representación. Este enfoque es ampliable y matizable hoy día, más que por lo que hayamos avanzado en la cuestión de la presencia de la mujer, por el crecimiento y diversificación de los feminismos desde finales de los años ochenta. Lo “queer”, lo “transgénero”, por mencionar tan sólo un par de tendencias y enfoques de los feminismos actuales, tendrían mucho que decir a este respecto. Podría argumentarse, por ejemplo, que el test está diseñado para analizar la presencia de la mujer ­–entendiendo por tal una de las dos identidades de género binario–­ con relaciones heterosexuales, dejando fuera del campo las identidades de género no asignadas y las relaciones no heteronormativas. Reconozco que para mí esto no supone mayor problema que el que pueda derivarse de no diseñar nuevos tests que partan de o incluyan otras categorías. El test de Bechdel, en su marco concreto de análisis, me parece válido y efectivo, más aún viniendo de la mano de una lesbiana militante que ha convertido su sexualidad en una cuestión política presente en toda su obra.

Así que, en fin, Maya y Jessica son agentes de la CIA, y mantienen una conversación de más de un minuto acerca de Bin Laden y sus compañeros de la CIA. ¿Es esta una conversación sobre hombres o más bien sobre lo político y lo laboral? ¿Es peor o mejor, de cara al enriquecimiento del imaginario poblado por mujeres, que una conversación sobre el botox en ‘Sexo en Nueva York’ –­que sí aprueba–­?

Si ya de por sí el test es sin más –­ni menos–­, una herramienta divertida a través de la que visibilizar los papeles a los que se ven relegadas las mujeres en el cine y el tipo de temáticas e incluso espacios físicos a los que se restringe su interacción (1), que no profundiza más allá del punto al que cada uno de nosotros queramos hacerlo, ¿es conveniente tomárselo de una forma tan literal? Lo es, desde luego, para la construcción de webs colaborativas como la ‘Bechdel Test Movie List‘, proyecto inabordable desde lo cualitativo. Pero en un análisis más discursivo estaría bien señalar las zonas a las que este test no llega, pues son espacios de reflexión más complejos de los que podemos extraer conclusiones o abrir nuevos debates mucho más interesantes.

(1) Respecto a los espacios en los que se suele encerrar la interacción entre mujeres, no dejéis de investigar sobre el término “mujer ventanera”, con el que me topé por primera vez en Desde la ventana (Enfoque femenino de la literatura española), de Carmen Martín Gaite.

Pissed Jeans: la mirada masculina autocrítica

12882

A través de @buscateunnovio e Irene García Rubio nos llega esta entrevista a Matt Korvette, del grupo de punk de Pensilvania Pissed Jeans, que acaba de publicar su último disco, “Honeys”, en Sub Pop. Nos ha encantado que aprovechara la oportunidad para hacer un ejercicio de autocrítica y de reflexión sobre el sexismo en el punk. Aquí tenéis un fragmento de la entrevista.

Pitchfork: ¿Es “Male Gaze” [una de las canciones del disco] una respuesta a la idea de que las letras y el estilo musical de Pissed Jeans se consideran principalmente masculinos?

MK: Totalmente. Creo que tenemos muchas fans, pero en el rock, la gente desacredita a las mujeres de entrada, aunque sea de forma inconsciente. Sé que es algo en lo que yo mismo he caído. Y esa canción era sólo una disculpa por haber sido misógino a lo largo de mi vida. No es que Pissed Jeans tenga que asumir demasiadas responsabilidades por  misoginia, pero hablo a nivel personal: es como seguir conduciendo, mirando por la ventana del coche, sin prestar atención. La verdad es que es algo que he intentado resolver.

Pitchfork: Aparte de tu caso, ¿crees que estas cosas son un problema importante en el punk?

MK: Sin duda, y da igual que seas punk o un atleta de una fraternidad universitaria. De todos modos, creces viendo los mismos programas de la MTV. Te machacan con la idea de que las chicas tienen que estar buenas y si no están buenas es que les pasa algo. Pero si están buenas, entonces no tienes que tomártelas en serio. Es una paradoja terrible, en la que no pueden ganar ni ser tomadas en serio como seres humanos.

Nos podemos quedar sentados y cuando sale un grupo punk de chicas comprarles el disco. O puedes hablar con tus amigos y decirles: “Deja esa mierda de que tal mujer de tal grupo está ahí porque está buena… Déjalo, tío”. Puede ser incómodo y desagradable, y nadie quiere acercarse al tema ni por asomo. Pero eso haría mucho más para que las mujeres se sintieran bien recibidas a la hora de tocar en un grupo de rock, más que ir solamente a los conciertos. Las mujeres son inteligentes y no son todas meros clones con buen gusto porque su novio les ha pasado un disco. Eso es una falacia de mierda.

Incluso si miras el hip-hop y piensas en Too $hort… Coges un disco que está lleno de una misoginia terrible durante 12 temas y entonces llega al último y se pone: “El mundo está muy jodido, tío, ¿qué está pasando? Los chavales no van al colegio, a las chicas no se las respeta…”. Y te dices: “A ver, tíos…”.

El título de la canción de Pissed Jeans hace referencia al concepto de la teoría cinematográfica feminista “male gaze” (mirada masculina”), acuñado por la teórica del cine Laura Mulvey en 1973. John Berger desarrolló una idea similar a propósito de la objetificación de las mujeres en la historia de la pintura europea (algún día hablaremos de ello). Posteriormente, el concepto se ha aplicado a todo tipo de productos visuales, especialmente la publicidad.

La idea de la mirada masculina es que muchas imágenes se producen con la idea de que quien va a verlas es un hombre heterosexual. Las mujeres aparecen solamente como objetos de esta mirada masculina. Su función es sólo pasiva: ser miradas. O verse reflejadas en esa imagen, de forma que sea su responsabilidad complacer al gusto masculino. Unos cuantos ejemplos aquí.

La canción “Male Gaze” de Pissed Jeans lleva el concepto de mirada masculina más allá del arte, al terreno de la objetificación cotidiana de las mujeres a través de las miradas masculinas heteropatriarcales que recibimos diariamente y que nos recuerdan constantemente cómo debemos ser (para que no pensemos demasiado en lo que en realidad nos apetecería hacer).

blancanieves male gaze

Pissed Jeans “La mirada masculina”
“Honeys” (Sub Pop, 2013)

Es cuando una sonrisa se convierte en una mirada fija y empieza a abrasar.
Es cuando le pides que pare y no aprende.
Triste rutina que no cambia si él está sin blanca o es millonario.
No se puede evitar, así son las cosas.
Nunca le ha tenido que importar.
 
Es cuando te juzgan incluso antes de que digas una palabra.
Es cuando das el argumento más inteligente y pasa desapercibido.
 
No soy inocente, soy culpable.
No soy inocente, pero lo siento.
 
Es la mirada masculina. Está en mí, lo sé.
La siento todo a mi alrededor. Ojalá pudiera destruirla.
Sí, es la mirada masculina. La he tenido siempre.
Y sé que no soy un ángel, pero intento acabar con ella…
 
Es cuando te juzgan de todas las maneras antes de que llegues.
Te machaca todos los días desde que naces.
Te callas y te muerdes la lengua delante de idiotas absolutos.
El castigo por romper las normas sociales nunca vale la pena.
 
No soy inocente, soy culpable.
No soy inocente, pero lo siento.
No soy inocente, me declaro culpable.
No soy inocente, pero lo estoy intentando.

 

En la guía para la empatía con las mujeres le dábamos un bonus a las canciones que tematizaran la igualdad de género como una cuestión de justicia. Por esta canción y esta entrevista, Matt Korvette y Pissed Jeans se llevan esta vez varios positivos:

  • Por considerar que la cuestión merece una canción o varias.
  • Por reflejar en “Male Gaze” la experiencia de las mujeres, sin apropiarse de ella y dirigiéndose de tú a tú (“Te callas y te muerdes la lengua”).
  • Por hacer autocrítica de las masculinidades hegemónicas, desde su historia personal.
  • Por demostrar en las entrevistas que sabe de qué está hablando.
  • Por reconocer que el machismo está presente en todos los estilos musicales.
  • Por reconocer la responsabilidad de los hombres en la lucha feminista, y ejercer esa responsabilidad en el trato con sus colegas.
  • Por cuestionar la propia mirada e intentar, al menos, mirar de otra forma.

Mujeres en las series

 

Personajes femeninos en las series ATENCIÓN SPOILERS

Hoy presentamos un repaso de algunos personajes femeninos que se pueden ver en series que no son especialmente feministas. Son personajes que nos han llamado la atención por su fuerza, por que rompen estereotipos o precisamente por ser muy conservadores y reflejar roles tradicionales de la cultura patriarcal. Sabemos que hay muchos más, así que si os animáis a comentar algunos que os resulten interesantes hacédnoslos llegar y los publicamos.

Carmela Soprano (The Sopranos) Image

Carmela es la esposa de Toni Soprano, el capo de la familia Soprano de New Jersey. Como esposa de mafioso tiene que aguantar todo tipo de infidelidades como parte del contrato matrimonial ya que la cultura italoamericana que refleja la serie es tremendamente patriarcal, tradicionalmente el marido tiene una o varias amantes bajo el consentimiento no informado de la mujer. A cambio de esto como una Mayte Zaldivar latinoamericana, Carmela cuenta con un alto nivel de vida y no pregunta de dónde sale el dinero para ello. Las relaciones son dibujadas como totalmente asimétricas, los abusos y malos tratos son habituales y las mujeres, sin bien en la serie cuentan con mucho peso, en la sociedad que describen son una especie de objeto decorativo descartable.

Carmela es sin embargo un personaje de carácter fuerte, es un punto de apoyo para Toni, y aunque en distintos momentos pone un límite y rompe la relación con éste, acepta el pacto desigual que se le propone. Carmela representa en la cultura patriarcal la imagen maternal que sostiene el hogar y al propio protagonista, la esposa santa que obtiene respeto mediante el matrimonio, mientras Toni encuentra fuera del hogar otras mujeres donde depositar su deseo y transgredir el respeto.

Skyler White (Breaking Bad) Image

Este personaje es muy interesante por su evolución en la serie. Comienza siendo un personaje secundario bastante opacado por el principal, su marido Walter White, se presenta como una esposa convencional, embarazada y madre de un adolescente con una discapacidad, incluso nos resulta un tanto mojigata y moralista. Durante mucho tiempo el único aspecto que conocemos de Skyler es la relación con Walter, no sabemos nada de ella. Según el personaje de su marido va avanzando y complejizándose, también lo hace Skyler. Comenzamos a observar más su presencia, el personaje se enfrenta a sus conflictos desterrando algunos de sus valores y sin embargo, a medida que superpone una cierta moral a otra la vemos más empoderada. Con este personaje nos encontramos con el dilema de que es violencia, si los engaños y mentiras a los que su marido le somete creando una relación de doble fondo pueden considerarse violencia o no porque son por un supuesto buen fin, se pervierta este o no a lo largo de las temporadas de la serie. El caso es que Skyler es estimulada a encontrar una distinta versión de sí misma a partir de los embolados de Walter. Skyler White no cuenta con mucha simpatía en las redes, pero a mí me parece un personaje a revindicar por los interrogantes que plantea, por la exploración de los complicados caminos del empoderamiento.

Carrie Mathison (Homeland) Image

Reconozco que este personaje me generaba rechazo hasta que mi amiga Mabel me hizo verlo con otros ojos. La serie en sí misma no me causaba mucha simpatía por el tufillo americanista que tiene, aunque como siempre, terminé enganchada. Carrie es una agente de la CIA especializada en Oriente Medio. Nicholas Brody es un excombatiente que ha estado 7 años secuestrado en Irak por Abu Nazir, un terrorista de Al Qaeda y del cual Carrie sospecha de colaboracionismo. Por aquellas cosas de los guiones Carrie y Brody se encuentran y se enamoran. Supuestamente Carrie se lía con Brody para sacarle información, esto no queda muy claro en la serie que sea así, parece que la intención es mostrar que ni ella misma sabe que está haciendo y entre las labores de espionaje y los revolcones, se enamoran. Los aspectos positivos del personaje son que tenemos una serie de intriga política y cierta acción con un personaje femenino protagonista, algo bastante difícil de encontrar. Además Carrie es una mujer muy inteligente e incomprendida gracias a la cual se evita un atentando de características monumentales. El aspecto negativo es que tiene un trastorno mental, para una vez que tenemos una heroína, resulta que es bipolar y se brota en plena serie. Carrie es un poco desastre: es una workaholic, no tiene nada para comer en casa y todo el día está bebiendo, además por si fuera poco es irregular con la medicación que le consigue su hermana porque si se la recetan oficialmente le descubren en la CIA y le echan. Es inestable, se pone en riesgo siempre, no se le conocen relaciones y se implica emocionalmente más de lo debido en su trabajo. Por todo esto no tiene mucha credibilidad en la CIA, aunque reconocen su valor como experta y a pesar de sus poco ortodoxos métodos terminan por hacerle caso in extremis. Es un poco heroína anti-heroína, a veces me resulta un poco envenenado su protagonismo, una mujer muy inteligente pero enferma, el precio que paga para ser una mujer que se desarrolla en el espacio público es su salud mental, en el fondo parece una advertencia “ya sabéis chicas que si os salís de la norma lo pagáis”. Por otra parte nos gusta Carrie, nos gusta que sea tan lista y que tengan que darle la razón, es una heroína ambivalente, pero al menos empezamos a tener heroínas aunque sea para cuestionarlas.

Betty Draper (Mad Men) Image

Que podemos decir de las mujeres de Mad Men, se han escrito ríos de tinta ya con Mad Men. Normal, es una serie apasionante donde las relaciones de desigualdad están magistralmente descritas. Betty Draper es un personaje que ha evolucionado mucho y despierta encendidos comentarios. Comenzó siendo una esposa modélica, bellísima y muy elegante, una esposa de los años 50: dedicada a su hogar, sus hijos y paciente con su marido, con unas espaldas anchísimas para aguantar mil y un engaños, siempre en su lugar como una perfecta actriz secundaria y… deprimida. Durante la primera temporada de Mad Men Betty es el perfecto cuadro de el “problema que no tiene nombre” que diría Betty Friedan, confinada en el hogar como una jaula de oro, sin subjetividad propia, aunque no se puede decir que estuviera esclavizada porque describen una familia acomodada de clase media, Betty Draper en cierto modo está esclavizada emocionalmente y anulada por la vida familiar American middle class. Es infantilizada por su marido, quien hasta controla sus sesiones de psicoanálisis y configura el perfecto florero. Hasta aquí Betty Draper cuenta con la simpatía del público y su condescendencia porque es una mujer a la que hay que compadecer, al igual que Skyler White, las criticas comienzan cuando empiezan a volverse malas y es que el derecho al mal de las mujeres todavía no se encuentra igual de erótico que el de los hombres. Cuando Betty Draper se separa de Don empieza a caer mal a la gente. Betty se casa con otro tipo y empieza a mostrarse como una madre despótica (primera transgresión del ama de casa perfecta) y a amargar a Don con sus demandas (segunda transgresión). No es que defienda el revanchismo y menos aún el maltrato infantil, pero después del ninguneo al que Don le tenía sometida, algo de rabia tenía que tener. Cuando Don se casa con otra mujer comienzan también las comparaciones y los bandos: la nueva esposa otra vez complaciente y sistemáticamente agredida de Don es la preferida del público, mientras Betty recibe las críticas.

Joan Holloway (Mad Men)

Joan es el personaje femenino más sexualizado de la serie, con un físico explosivo, es una eficiente jefa de personal que se ha abierto camino por casi la única vía permitida en ciertas épocas, acostándose con el jefe. Sin embargo Joan ha aprovechado la oportunidad y es reconocida en su trabajo constituyendo una parte fundamental de la empresa. Joan Holloway es el paradigma de la mujer moderna; por muy avanzadas que nos creamos lo que le pasaba a Joan hace 50 años ocurre ahora: eficiente en su trabajo, inteligente, muy hermosa, liberada sexualmente y además solícita esposa y a pesar de ello expuesta a violencia machista (en la serie es violada por su novio) y sola ante la papeleta de los cuidados. Por las características del personaje pareciera que los guionistas podían haber estado tentados de crear una Joan ambiciosa y rival de sus compañeras femeninas, de hecho comienza aleccionando a Peggy para que ésta utilizase sus encantos de mujer en la primera temporada, sin mucha fe en las capacidades profesionales o tal vez en las oportunidades del entorno. Sin embargo no es así, y según el personaje evoluciona se muestra un carácter en complicidad con otros personajes femeninos, especialmente con Peggy Olson.

Peggy Olson (Mad Men)

¿Qué podemos decir de Peggy Olson que no se haya dicho ya?, increíble personaje: chica de origen humilde, más bien mojigata sin mucho conocimiento de la vida, llega a empresa de publicidad, comienza como secretaria y llega a ser redactora por todo lo alto, embarazo secreto de por medio. El cambio de personaje de Peggy es espectacular constituyendo una metáfora del avance sociolaboral de las mujeres a lo largo del siglo pasado. Es uno de los caracteres más interesantes, no solamente por el desarrollo al que se le somete, también por lo que nos muestra: el costumbrismo de un cierto sector de la inmigración norteamericana, sus experiencias con el mundo homosexual, beatnik, con la modernidad de la época. Su relación con Don es también apasionante, es su protegida pero al mismo tiempo es exprimida y exigida por él, es de los pocos personajes femeninos que están a salvo de la seducción de Don, a veces es una relación más fraternal que paternal para un Don siempre dependiente de las mujeres. La fortaleza y determinación de Peggy es asombrosa, es una luchadora en un mundo en el que el respeto por las mujeres y el reconocimiento no es lo habitual.

Alicia Florrick (The Good Wife) Image

Alcia Florrick es otra ama de casa y madre abnegada, hasta que descubre que su marido se ha acostado 18 veces con una prostituta y con todas las que se descubren después. Es la protagonista de The Good Wife, ya el nombre lo dice todo, es la esposa del fiscal del Estado a quien le descubren un escándalo sexual y le meten en la cárcel. Esto es lo mejor que le puede pasar a Alicia, después del bochorno de ser la cornuda oficial en el ojo público Alicia se pone a trabajar de abogada recuperando así su olvidada profesión, ya que se ha pasado 15 años ejerciendo de esposa y madre. La serie es muy convencional, incluso cuando se tocan temas políticos como el conflicto Israel-Palestina o se habla de Venezuela, da un poco de vergüenza ajena, la propaganda el partido demócrata se respira por todos lados, pero presenta un personaje que puede ser referente para algunas mujeres. Alicia está sometida continuamente al juicio público por la relación con su marido, nos hace pensar a veces en una especie de “La costilla de Adán” moderna ya que ambos se dedican a las leyes y con bastante menos gracia, pero nos quieren hacer ver como Alicia no se aprovecha de la posición de su ex sino que es ella misma por su propio trabajo quien se hace un hueco en el mundo laboral. De nuevo observamos aquí la división patriarcal de las mujeres en torno a su sexualidad: Alicia es la esposa buena que espera en casa, con una vida sexual posiblemente mediocre mientras su marido está por ahí grabando videos porno y fumando porros con otras mujeres con las que se lo pasa pipa. Dibuja un escenario de igualdad muy de NOW, de señora blanca de clase alta norteamericana, pero en realidad el perfil de mujer engañada y anulada que retoma una profesión por necesidad y descubre toda una vida para sí misma, es extrapolable a otros contextos, señora que dice hasta aquí a su marido y que no tiene remordimientos si dedica toda su energía a una actividad que no es el cuidado.

Kalinda Sharma (The Good Wife)

Este personaje me encanta. Kalinda es la investigadora del bufete de abogados donde trabaja Alicia Florrick. Es un personaje misterioso de quien no se sabe mucho, se van descubriendo detalles a lo largo de la serie: un pasado desconocido e inventado y una sexualidad distinta a lo esperable a una serie con aspecto muy convencional, Kalinda es bisexual. Es una heroína, gracias a las pruebas que descubre consiguen ganar muchos casos y todo ello limpiamente, es de lo más eficaz. Su carácter es un tanto impenetrable al principio, Kalinda es una especie de protectora de Alicia y poco a poco se hacen amigas hasta que Alicia descubre que Kalinda, cuando trabajaba para él, también se ha acostado con su marido, una empieza a pensar que quien no. Este es un punto de inflexión en la serie, la alianza femenina se rompe por culpa del incontrolable deseo sexual de Peter Florrick, aunque me sorprende un poco que no se hace una lectura en función del abuso de poder que esta relación de Peter con su empleada supone, tampoco se cargan mucho las tintas contra Kalinda. Todavía no he terminado de ver la serie pero apuesto a que la sororidad femenina triunfa y me gusta la idea de un montón de señoras de mediana edad norteamericanas consumiendo algo distinto a envidias, insidias y traiciones femeninas.

Las chicas del (Nu) Noise

Vídeo

“Esto es ser una chica del noise”: moratones, disfraces, aparatejos electricos, escenificaciones, diversión.
Joaquin nos manda el docu “Gutter: girls of noise” de Lauren Boyle sobre mujeres en el nuevo free noise para que lo publiquemos por aquí. En el docu podéis ver a: Social Junk, Laundry room, Hard On y otras mas. Que lo disfrutéis.

Izquierda y feminismo

ImagenLa bailarina Joan Jara es autora de una vibrante biografía de su compañero, el cantautor Víctor Jara. En este pasaje recuerda la relación de izquierda y feminismo en el Chile de Unidad Popular, el partido de Salvador Allende:

“A pesar de existir un gobierno socialista, subsistían atavismos. La activista que presidía una reunión tenía que marcharse deprisa para prepararle la cena al marido. Él daba por sentado que la comida le estaría esperando cuando volviera a casa y que ella estaría presente, a pesar de que era socialista y que teóricamente creía en los derechos de la mujer.

Otro ejemplo: la campaña gubernamental para convencer a la gente de que comiera más pescado, que era abundante y barato, en lugar de carne, que escaseaba, estuvo encabezada por fotos de trabajadoras que, entusiasmadas, freían pescado en las calles. La imagen presentada era de fieles mujeres junto a sus hombres, cumpliendo en el trabajo revolucionario las tareas para las cuales estaban preparadas.

De momento, no planteábamos objeciones. Las mujeres estaban contentas de saber que podían contribuir de forma útil y , a decir verdad, las organizaciones de mujeres ya habían empezado a desempeñar un papel fundamental en la lucha contra el mercado negro y en la creación de sistemas de distribución alternativos. Éramos ‘compañeras’ y teníamos un lugar en  la lucha junto a los hombres. Teníamos un enemigo común.”

Fragmento de “Víctor Jara, un canto truncado”, Joan Jara, 1983.

La pregunta sale sola: ¿subsisten “atavismos” en la cultura izquierdista actual?

Doblejornada

 

Zuloak: Las mujeres son visibles, pero… ¿las músicas?


Publicamos la traducción del euskara de un texto de Iratxe Retolaza aparecido originalmente en Gipuzkoako Hitza.

El texto plantea un interesante debate sobre la película Zuloak, dirigida por Fermin Muguruza, en el que se plantean cuestiones como qué significa visibilizar o invisibilizar a las músicas, qué acciones promueven la inclusión y cuáles la exclusión. Vale la pena hablar más de estas cuestiones, porque hasta ahora el debate sobre la película se ha desarrollado sobre todo en el ámbito privado.

———————————————————————————————————-

Las mujeres son visibles, pero… ¿las músicas?

Iratxe Retolaza
16 de noviembre de 2012
Gipuzkoako Hitza

 

En aquel cuarto oscuro resonaron las palabras de Fermin Muguruza, altas y enérgicas: “Chicas, ved el documental, ¡y a ver si os entran ganas de subiros al escenario!” O algún grito parecido. Firme, y sincero, así me pareció. Según avanzaba la película Zuloak, fue bajando el eco de ese penetrante grito, y creciendo la inquietud, y también el enfado. Tenía a mi hermana al lado, que es música, y lleva en el rock vasco los últimos quince años. Le miré de reojo, para comprobar si mi sensación era personal, y aquella mirada helada me lo transmitió de un modo claro, estaba tan asombrada como yo. Esta reflexión es un ejercicio para entender aquella inquietud.

La película Zuloak se ha dispuesto a intentar hacer visible la aportación de las músicas vascas, a semejanza del proyecto Emarock; y ese trabajo realizado a favor de la visibilidad es elogiable. Pero, por otro lado, la película Zuloak ha armado una narración (al menos en el plano de la ficción), y a través de esa narración ha creado un discurso o imagen en torno a las músicas. Y, precisamente, esa narración es la que me inquietó. Esa narración de ficción me hizo recordar una frase de Monique Wittig: “Las mujeres son demasiado visibles como seres sexuales, e invisibles como seres sociales”. Y, en este caso, invisibles como músicas. En las conversaciones de las componentes de Zuloak o en los discursos del público de “ficción” apenas hay reflexiones en torno a la música (no se preocupan por el estilo musical, no hay discursos sobre los modos de vivir la música…). Y en uno de los únicos momentos en que tienen oportunidad de hablar de su afición por la música, en una entrevista de ficción de la televisión pública vasca, una de ellas dice que hace música para follar. Lo dicho, demasiado visibles como seres sexuales, y demasiado ocultas las inquietudes y las pasiones de la música. Demasiado oculto ese zulo propio reivindicado por Itziar Ziga. Y demasiado repetidos los discursos sobre la estética, sobre la sexualidad, o sobre la reproducción. Demasiado repetidos, para ser un documental sobre música.

Los comentarios sobre la sexualidad me han hecho recordar Sexual Herria de Itziar Ziga, porque muchas veces los discursos políticos aparecen recreados en discursos del deseo (la referencia a la autodeterminación del cuerpo, por ejemplo). Pero eso me irritó más, porque esos discursos parecían deformados y descontextualizados. Ziga dice claramente que quiere hacer visibles las sexualidades y los deseos, pero no se puede olvidar que el libro se centra en ese tema (y no en la música) y que, además, parte de esta posición: hacer visibles las sexualidades y los deseos que ha reprimido y marginado el heteropatriarcado.

¿No podemos hablar de la aportación de las músicas vascas sin criterios sexuales o estéticos? ¿Es ese el criterio principal a la hora de hablar de cualquier músico? No, no suele ser así.

Es más, ¿no parece una contradicción que un proyecto que quiere hacer visibles a las músicas haga invisible a la misma música o compositora ? ¿Quién será esa compositora que quiere mantenerse en secreto? Es elogiable que un músico con una posición simbólica importante en el mundo de la música —en este caso Fermin Muguruza— haga el esfuerzo de hacer visible la aportación de las músicas; pero, para que ese esfuerzo sea eficaz, ¿la persona que está en esa posición no debería de dar un paso atrás para dar voz y espacio a esas músicas? En la película Zuloak las componentes del grupo hacen suyo el lema “muerte a la madre”. ¿Pero tiene sentido matar a la madre, si todavía no hemos conseguido matar al padre, y si todavía en el campo de la música vasca está por escribir una genealogía femenina, y están por construir las madres simbólicas?

—————————————————————————————————————– ¿Habéis visto la película?

Zuloak-625990734-large