Greil Marcus, pope de la crítica, sobre la exclusión de las mujeres del periodismo musical

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Hace un par de meses Rockdelux publicó una entrevista con Greil Marcus, un nombre destacado de la crítica musical en todo el mundo y autor de una decena de libros sobre figuras como Dylan, Elvis Presley y Sex Pistols, entre otras. Extraemos las dos preguntas donde se tratan cuestiones de género.

¿Tiene solución la exclusión de las mujeres del periodismo musical?
Hace más de veinte años que rechazo participar en mesas de debate donde no haya ponentes femeninas. En su mayoría, quienes organizan estas mesas reconocen que ni se les había pasado por la cabeza invitarlas. Hay incluso mujeres gestionando estas charlas que se sorprenden de mi postura. Otra gente me pide que les recomiende a alguien porque no son capaces de pensar en una sola crítica cultural que no sea del sexo masculino. Mi decisión no es una exhibición de buenos sentimientos, más bien tiene una explicación práctica: las mujeres aportan puntos de vista que a los hombres nunca se nos ocurren. Lo descubrí en una mesa donde analizábamos la película El mensajero del miedo (John Frankenheimer, 1962). Al final del acto se me acercó una señora a decirme que para ella lo principal de la trama eran los personajes femeninos. Expuso una teoría que no comparto, pero los hombres nunca hubiéramos llegado a esas conclusiones. Una mesa sin mujeres tiene la visión mutilada.

Entonces, ¿consideras un problema que la mayoría de la gente que se dedica a la crítica musical sean hombres y blancos?
Sin duda. Eso estrecha brutalmente la visión que ofrecemos. Para mí, el mejor periodismo musical que se hace actualmente hay que buscarlo en las novelas, donde ellas tienen un papel destacado. Por ejemplo en Verónica (2005) de Mary Gaitskill. Habla de una correctora editorial y una modelo metidas en el mundo del glamour de Nueva York en los años ochenta. No es una historia perfecta, pero hay ciertos pasajes sobre la obsesión musical, sobre el deseo de sumergirte dentro de una canción, que son de lo mejor que he encontrado en mucho tiempo. Habla de los efectos reveladores que puede tener cierta letra o cierto ritmo en un periodo concreto de tu vida. Otro ejemplo podría ser Eat The Document (2006) de Dana Spiotta. Trata de una pareja de radicales de las protestas contra la guerra de Vietnam que deben separarse y borrar su pasado para no pagar con la cárcel una de sus acciones. Años después su hijo adolescente descubre la música política de los setenta mientras estallan las protestas antiglobalización de los noventa. Es un viaje en el tiempo que contrasta ambas épocas.

De qué hablan las mujeres en el cine: el test de Bechdel

Al hilo de los comentarios sobre el test de Bechdel en el post de ayer, publicamos este texto de @suripantarosa aparecido originalmente en: http://suombligo.wordpress.com/2012/11/20/de-que-hablan-las-mujeres-en-el-cine-el-test-de-bechdel-2/

El Test de Bechdel es una prueba que plantea tres cuestiones a partir de las que reflexionar acerca de los roles femeninos en el cine.

La próxima vez que estés viendo una película, pregúntate lo siguiente:

  1. ¿Aparecen al menos dos personajes femeninos con nombre propio?
  2. Estas mujeres, ¿hablan entre ellas?
  3. Y de ser así, ¿lo hacen sobre algún tema, cualquiera, que no se centre exclusivamente en sus compañeros masculinos de reparto?


El Test de Bechdel tiene su origen en una broma aparecida en una tira cómica de Alison Bechdel, autora de cómics, lesbiana militante y activista feminista. La tira cómica, que publica su primera historia en 1985, se llamó ‘Dykes to Watch Out For’ (‘Unos bollos de cuidado’ en su versión española. Qué bien se nos da traducir títulos) y enfrentaba a un grupo de lesbianas a diferentes situaciones en un mundo de hombres. La historieta de la que nace el Test de Bechdel se titula ‘The Rule’ (‘La Norma’) y muestra a dos mujeres hablando entre ellas. Una le propone a la otra ir a ver una película al cine; «verás -responde- yo sólo veo películas que satisfagan tres requisitos básicos. UNO, tienen que salir al menos dos mujeres que, DOS, hablen entre ellas acerca de, TRES, cualquier cosa que no tenga que ver con los hombres».

Para algunos este test es una estupidez propia de histéricas feministas; para otros, una forma infalible de exponer el machismo imperante en un sinfín de películas y en la producción cultural en general. Somos unos genios a la hora de abordar cuestiones complejas con pasión reduccionista.

Nosotras jugamos con el test de Bechdel, nos parece una forma divertida y accesible de poner de relieve la brecha de género también presente, cómo no, en la ficción audiovisual. Es un acercamiento cuantitativo que arroja cifras tan aplastantes que debería provocar una reflexión acerca del imaginario femenino estereotipado y empobrecido al que en mayor o menor medida nos hemos acostumbrado. No está diseñada para aportar propuestas más allá del – Por favor, señores y señoras de la industria cinematográfica, que sean más de dos las féminas con nombre y problemas propios las que disfrutemos y/o suframos en sus producciones.

Volviendo a la viñeta de ‘The Rule’, hay algo que es clave: son dos mujeres. Y es que el test de Bechdel, mejor en compañía. Es difícil no sentir la necesidad de compartir los resultados de aplicar el test en una tarde tonta y solitaria de domingo y película. Este cuestionario que nos regaló Alison Bechdel tiene así una secuela maravillosa: alimenta lo colectivo. Lo que sentada a solas bien puede quedarse un cabreo mayúsculo, compartido no sólo provoca un cuestionamiento más profundo, es que además a menudo transforma el enfado en risas y en un proceso constructivo de enriquecimiento de ese imaginario femenino tan maltrecho.

Otro efecto interesante del test de Bechdel, al hilo del (auto)cuestionamiento, es que quizá empieces a oír una vocecita excusadora disfrazada de pertinente, apelando a lo habitual, a lo que la audiencia pide o a lo que el género cinematográfico justifica. Y es que repasando algunos de los títulos que, según el vídeo de la genial Anita Sarkeesian de Feminist Frequency, no superan el test y consultando los aprobados y suspensos en la web colaborativa ‘Bechdel Test Movie List’, juro que oí a una Suri decir a otra: «mujer, es que ‘Piratas del Caribe’ es eso, una peli de piratas, ‘El Padrino’ de mafiosos y ‘La delgada línea roja’ es bélica; normal que haya pocos personajes femeninos relevantes…». Es tu pequeño o mediano machista interior envalentonado. Y, volvemos a lo colectivo, se le combate mejor en compañía. Busca historias de mafiosas y piratas. Imagina un cine bélico con representación femenina. No un cine bélico social y pretendidamente femenino/feminista como ‘Las trece rosas’ -a menudo, como es el caso, centrado en reivindicar algún episodio histórico-, no. Un cine bélico -por mencionar un género concreto- “mixto” en el que junto a la viuda plañidera y la madre cuidadora, convivan otras realidades. Y no es que nos parezcan incorrectos estos roles en sí mismos, en absoluto. Pero lo que resulta insoportable es lo fácilmente que se puede prever en qué escenas de una película bélica, restringidas a qué espacios, y para dar salida a qué conflictos de la trama, será la voz de una mujer la que nos hable.

De todas formas, encomendarnos al test de Bechdel a la hora de determinar si tal o cual producto cinematográfico es machista o no parece un error. Probablemente no sirva siquiera para marcar aquellas películas que ofrecen modelos de mujer complejos, con matices, frente otras pobladas por personajes planos. Al fin y al cabo buena parte del cine ‘para mujeres’ (sic) pasa el test de Bechdel, pero suponemos que ni Alison ni nadie con dos dedos de feminismo debe (de) estar muy satisfecha con los modelos de mujer que ofrecen películas como ’Sexo en Nueva York’, o ’Sucker Punch’, por mucho que ambas aprueben el test.

Tampoco se trata de ni de impedirnos el disfrute de estos productos ni de asfixiar la creación artística con exigencias sociales. La cuestión no es que la cultura ofrezca exclusivamente modelos de mujer combativa, inteligente, creativa, con éxito, autónoma, etc.; de hecho esto es un arma de doble filo. La cuestión es que la creación artística no silencie toda realidad femenina incómoda o considerada excepcional. ¿Excepcional desde y hasta cuándo? ¿Familiar y reconocible para quién y con qué modelo de referencia? Bajo la premisa de reflejar la realidad se cometen anacronismos tan ridículos como dañinos que perpetúan ese carácter excepcional que desde el test, desde estas líneas y muchas otras mejores, se pone en jaque.

No se trata de reclamar personajes de mujer “fuerte”, lo que quiera que en cada caso se entienda por esto; ¿es Sarah Palin “fuerte”? Probablemente, dependiendo del ámbito. ¿Es un modelo deseable desde una perspectiva de género? No, dioses, no -aunque sí para Camille Paglia-. ¿Pasaría el test de Bechdel su personaje? Pues depende de si se deciden a ofrecernos una conversación, que cumpla los requisitos temáticos, entre ella y otra mujer. Pero sin duda es un personaje con historia propia -como pueden serlo todos-, y no es accesorio -a no ser que te empeñes en dibujarla como un anodino apéndice de McCain-. Únicamente hay que tener la voluntad de reflejar su historia desde su punto de vista y con matices.

En fin, se trata de señalar que la presencia de la mujer en la creación audiovisual es con escandalosa frecuencia absolutamente accesoria y secundaria. Y se trata de tomar conciencia, mirando alrededor, de que es casi más difícil mantener este retrato mutilado y desfasado que lo contrario.

Espinas y cañas

La idea de este blog surgió durante las conversaciones en las que se gestó el artículo Machismo gafapasta.

Como después del follón que se ha montado todavía nos quedan ganas de seguir contando cosas, ahora abrimos este nuevo blog colectivo, con la intención de adentrarnos en terrenos espinosos, pero también de pasar el rato y tomar cañas: como decía Emma Goldman, sufrimientos, los justos.

La idea del blog es comentar música (y cultura popular en general, si apetece) desde una perspectiva feminista. La amalgama argumentativa de los últimos días demuestra que en este terreno queda mucho por aclarar y debatir, cada cuál consigo mismo o misma, y con las y los demás.

Además, inspirándonos en el estupendo proyecto Everyday Sexism, también queremos abrir un buzón para que nos contéis cualquier experiencia de sexismo cotidiano que hayáis vivido o percibáis en ambientes musicales. Que este espacio sea otro más para visibilizar algo de lo que normalmente se habla poco (¡por lo menos hasta ahora!). Nos podéis escribir a srasquehablandemusica[a]gmail.com.

1, 2, 3… JUMP, CHILDREN, JUMP!